viernes, 15 de diciembre de 2017

Mis amigos catalanes


Me cuesta mucho reconocer en mis amigos catalanes favorables al soberanismo a aquellas personas con las que fui feliz durante tantos años cuando podíamos hablar y discutir de cualquier cosa sin que ninguna discrepancia pusiera jamás en peligro nuestros afectos.

De un tiempo a esta parte mis conversaciones con ellos, aunque continuemos disfrutando de sofisticados gintonics cuando nos vemos, o de rebuscados platos regados con prestigioso vino catalán, por supuesto, ya no son lo que eran. Si escogemos hablar de literatura, música, fútbol o política internacional, todo va bien por mucho que nuestros puntos de vista no coincidan en absoluto pero ay, amigo, cómo cambia la cosa cuando llegamos a la cosa, la gran cosa, esa única cosa que parece existir en el mundo desde hace ya tantos meses, ¿o son años? Cuando la conversación desemboca en el dichoso asunto, la tal cosa nos engulle sin miramientos y la atmósfera empieza a enrarecerse hasta que el aire se hace irrespirable porque todo se transmuta, todo se agría, todo se jode sin remedio.

Ahora me critican mis artículos, me llaman equidistante, me instan a tomar partido entre los buenos y los malos y a mí me cuesta reconocerlos en tal deriva. Hay que elegir, Juan, o ellos o nosotros, llegó a decirme mi amigo M. el otro día. Y yo, claro, me asusto, porque esto hace tiempo que dejó de ser una broma, aunque fuera de Catalunya muchos hasta ahora no se hayan acabado de caer del guindo, y me asusto sobre todo cuando verifico que quienes han llegado a tal punto son amigos míos queridos, no gente ajena ni lejana.

Me asustan ellos y me asustan también aquellos otros colegas y familiares catalanes que se sitúan al otro lado del tablero. La lluvia de mensajes de guasap que recibo estos días, tanto de unos como de otros transpiran frentismo, agresividad, rencor. Histeria. Se acusan entre ellos de las mayores atrocidades, y se insultan y amenazan como nunca imaginé que lo harían gentes que conforman un pueblo cuya manera de entender la vida me fascinó hace ya muchos años hasta el punto de llegar a enamorarme, pero que a día de hoy me mantiene confuso y desconcertado.

Ahora solo quiero ganar, Juan, lo demás no importa, me decía el otro día mi amigo O. de Girona, incondicional del procés desde hace cuatro años y activista entregado a la causa desde entonces en cuerpo y alma. Tenemos que derrotar a los golpistas como sea, me comentaba al día siguiente J.M., de Cornellà. ¿Que hay que apoyar a Arrimadas? Pues se le apoya, remataba este miembro del psc de toda la vida.

Y cuando les preguntas qué van hacer con la victoria, cómo van a gestionar los resultados, ahí empiezan ya a estrellarse los talentos tanto en un lado como en otro. Están partidos por la mitad y se niegan a pensar, o a decir lo que tienen pensado, para más allá del día veintiuno, fecha de la convocatoria electoral autonómica. A muchos todo esto les parece una ópera bufa, pero a mí empieza a parecerme una tragedia que no me pienso tomar a la ligera.

Las muchas barbaridades aparecidas en twitter en estas últimas semanas son un pésimo síntoma, un aviso de que cualquier chispa podría acabar provocando un incendio de complicado control. Ya sé que suena alarmista y lo lamento, pero la historia está llena de ejemplos sobre la delgada línea que a veces separa a quienes muy bien pueden estar un día en el bar contándose chistes entre caña y caña, y a la jornada siguiente matándose entre ellos sin compasión alguna. “La Vaquilla”, de Berlanga y las parodias de Gila: oiga, ¿es el enemigo, podríais retrasar la guerra unos días, que tenemos que votar? ¡Ah! ¿que vosotros también votáis? ¿y eso por qué?

J.T.

lunes, 23 de octubre de 2017

Plantar cara al PP

Seduce el punto rebelde de la asonada catalana, esa determinación para hacer partícipe de sus convicciones al mundo entero, esa habilidad para colocar sus mensajes, unos con más verdades que otros, esa probada eficacia a la hora de organizar movilizaciones. Pero no consiguen, y bien que lo intentan, hacer olvidar que Puigdemont y compañía son los herederos del partido del tres por ciento con un patriarca jefe, ahora desparecido en combate, cabecilla de una trama corrupta familiar cuyo hijo mayor lleva ya un tiempo durmiendo en la cárcel. La derecha corrupta catalana ha desafiado a la derecha corrupta del resto de España, robándole de paso la cartera a una izquierda nacida tras el 15M que se dispersa en sus propias peleas, y otra antigua izquierda, la socialista, que sobrevive desde hace tiempo a base de manotazos desesperados para no acabar ahogándose del todo.
La derecha corrupta catalana le ha plantado cara al PP y con ello ha conseguido algo que era obligación de la izquierda española haber demostrado. Ha puesto en evidencia la verdadera cara de Rajoy, su partido y su gobierno. Ha logrado que por fin actúen como corresponde al ADN del espíritu fundacional del Partido Popular. Los seis años de gobierno PP cierran ahora un ciclo de atropello a las libertades y a infinidad de derechos sociales y laborales para entrar, a partir de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, en una dura etapa de tintes totalitarios, ya sin disimulo alguno, en la que comienzan con Catalunya, pero que podría continuar en otras Comunidades.
Pero ni el carácter tiránico que tiene la manera elegida por el PP para aplicar el 155 permite olvidar el escandaloso desarrollo de los plenos del Parlament los días 6 y 7 de septiembre. Dos derechas corruptas se encuentran enfrentadas a cara de perro y una de ellas está arropada por la monarquía. Moncloa y Zarzuela se han embarcado en una apuesta de incierto desenlace. Podíamos haberle presentado a Europa la imagen de un país dialogante que sabe resolver civilizadamente sus discrepancias y sin embargo estamos ofreciendo la versión triste de una comunidad de vecinos cutre que Es capaz de liarse a palos por el importe de la derrama. Olvidan Rajoy y el rey que a Bruselas le da igual que seamos una monarquía o una república: lo que quieren es que no les toquemos las narices con una pelea que amenace la estabilidad del proyecto europeo.
La izquierda ha perdido la oportunidad de plantarle cara al corrupto y nacionalista PP y, mire usted por dónde, quienes se encaran a Rajoy son otros nacionalistas corruptos. Y Albert Rivera, frotándose las manos.

jueves, 5 de octubre de 2017

La semana del mal rollo

La causa del sudor con el que me desperté el pasado lunes 2 de octubre no fue precisamente esa temperatura veraniega que cada año parece más empeñada en robarle al otoño días y protagonismo. Aquel sudor amanecía acompañado por severas cosquillas en el estómago y por un ingenuo anhelo: que gran parte de los episodios ocurridos en Catalunya el día anterior, cuya retransmisión, inquieto y preocupado, había seguido durante horas por la tele, no hubieran ocurrido en realidad. Volví a amanecer sudando el martes, el miércoles, el jueves... Quizás debido a mi mala memoria, no recuerdo en mis seis largas décadas de vida tantos días de mal rollo continuado. Mal rollo, peores augurios y perspectivas poco alentadoras a medio plazo.

Me cuenta mi hija las encendidas discusiones que mantiene últimamente con amigos y conocidos en sus chats de guasap. Chats en los que hasta hace pocos días se dedicaban a mandarse fotos, intercambiar canciones y complicidades, organizar quedadas o reírse con ganas y punto. Pero esta semana parece que han mandado a paseo las buenas vibraciones, y el mal rollo se ha instalado de golpe en sus vidas de veinteañeros. ¿Lo de Catalunya va en serio, papá? -me pregunta. Y, de pronto, descubro que a su lado soy sin duda un privilegiado, porque he vivido cuarenta años más que ella sin incertidumbres como ésta. Y me avergüenzo por la cuota de responsabilidad que me toca al no haber luchado lo suficiente para conseguir evitar una sensación de desamparo e incertidumbre que yo hasta ahora nunca tuve en mi vida, ni siquiera en los tiempos de las protestas universitarias de los setenta, ni tras la muerte de Franco, ni con el intento de golpe de febrero de 1981.

Y a estas alturas, tres décadas después de convertirnos en europeos de pleno derecho, cuando pertenecer a las más codiciadas instituciones occidentales parecía que nos blindaba de sobresaltos y aportaba un cierto plus de calma chicha a nuestra rutina diaria, el invento salta por los aires y nos da por pelearnos entre nosotros a cara de perro sin que nadie se atreva a aventurar cómo demonios acabará todo esto: porrazos de la policía y la guardia civil a ciudadanos que querían votar, resistencia ciudadana plantando cara a las agresiones, una capacidad de organización que consiguió abrir centenares de colegios y hacer llegar hasta ellos miles de urnas que ninguna intervención policial pudo detectar previamente, Ciudadanos exigiendo leña al mono y más mano dura, Podemos intentando mediar entre los dos matones de patio de colegio cuando estos ya se miran enrabietados, con las mangas de la camisa subidas y los puños en posición de combate, los socialistas haciendo corro sin atreverse a tomar partido, los jueces dictando autos y las televisiones públicas, tanto TV3 con TVE, echándole al fuego más gasolina cada día que pasa.

Un mal rollo terrible ahora ya en toda España, que viene a rematar años de discusiones en Catalunya entre familiares y amigos de toda la vida, y al que Felipe de Borbón y Puigdemont, mientras Rajoy se fuma un puro tras otro, han puesto la guinda con los discursos institucionales más inquietantes que recuerdo. Insensatos sin escrúpulos, como diría aquel periódico de entonces, que hace tanto tiempo ya que no es el mismo.

J.T.

jueves, 6 de julio de 2017

La fuerza del periodismo

"Tiene más fuerza Al Jazeera que toda la riqueza de los saudíes". Esta afirmación de Lluís Foix (La Vanguardia, 5-7-17, pág. 23) explica en pocas palabras la razón última del bloqueo al que está siendo sometido el emirato de Qatar por Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Bahréin. Solo como coartada les importa a estos países el apoyo qatarí al terrorismo cuando acusan oficialmente a su vecino país de participar en diversos actos de desestabilización junto a Irán.

Al cerrar el espacio aéreo y marítimo, y también una frontera por la que transitan el noventa por ciento de productos básicos para Qatar, lo que en realidad buscan es cargarse Al Jazeera, una cadena de televisión cuyos estudios centrales están en Doha, capital de ese país, y que es sintonizada a diario por millones de musulmanes en todo el mundo. Una cadena con sus más y sus menos, como todas, pero que ofrece informaciones impensables en aquellos países árabes donde no se tolera que la manera de contar las cosas en los noticiarios televisivos se aparte de las versiones oficiales.


Al Jazeera pone de los nervios a muchos jeques árabes, y la CNN saca de sus casillas a Donald Trump, algo que, dicho sea de paso, no parece demasiado difícil. Dos cadenas todo-noticias, rivales globales con la misma filosofía, se encuentran curiosamente denostadas, coincidiendo en el tiempo, por los poderosos a quienes molesta el enfoque de las informaciones que transmiten. El patético e inquietante montaje del video en el que el presidente de los Estados Unidos propina una paliza a alguien cuya cabeza es el logo de la CNN es sobradamente elocuente y alarmante.

Tanto en el caso de la Al Jazeera qatarí como en el de la CNN estadounidense se pone de manifiesto hasta qué punto es necesario en estos momentos, y antes que sea demasiado tarde, defender sin titubeos la necesaria existencia de medios de comunicación en libertad. Hay quien usa el periodismo de manera torticera, manipuladora y tendenciosa, claro que sí, pero esa perversa utilización de los medios que hacen algunos jamás puede servir de coartada a quienes pretenden acabar con la libertad de información. Hoy más que nunca hay que reivindicar la innegociable necesidad de una prensa que vigile e inquiete a los poderosos que sueñan con la impunidad.

Aquí, en nuestro país, tenemos variados y elocuentes ejemplos de la obstinada vocación intervencionista de los partidos políticos en los medios, sobre todo en los de titularidad pública. Tanto el PP como el PSOE, como también el PNV o CiU, o Junts pel Sí, han utilizado y utilizan las televisiones públicas en clave propagandística, sin vergüenza alguna, cuando gobiernan. Y si lo hacen en minoría, ceden algunas migajas a los partidos que los apoyan y santas pascuas.

En cuanto a los medios privados, ¿qué podemos decir? Todos ellos se encuentran en manos de grupos empresariales que a su vez dependen de los grandes bancos, o de los fondos de inversión internacionales, o de la habilidad de sus dueños para bailarle el agua al gobierno de turno... Por su parte, partidos emergentes como Podemos han abogado en distintas ocasiones por una regularización de los medios. Ninguno de esos caminos acaba nunca en buen puerto.

Me parece que el trabajo de la CNN es un ejemplo a seguir. Culpable de muchos de los insomnios tuiteros de Trump, desoye las amenazas de que es objeto, como hacen también el New York Times o el Washington Post, medios que tampoco se dejan intimidar a pesar de las continuas ofensas y provocaciones que reciben, y responden redoblando esfuerzos para publicar cada vez mejores reportajes de investigación y de denuncia en una insólita batalla con la Casa Blanca hasta ahora difícilmente imaginable.

Si Al Jazeera vale más que toda la riqueza de los saudíes, las televisiones, radios y periódicos del mundo occidental son a su vez más valiosos que el poder de quienes atacan el derecho a la libre información. Por mucho que estos se empeñen en colonizar los consejos de administración de los medios. Porque por muchos riesgos e inconvenientes que, como todas las libertades, pueda tener la libertad de expresión, como diría Tácito, ésta "siempre será preferible a la tranquila placidez del despotismo".

Donald Trump pasará, pero lo que significa la existencia del New York Times, el Washington Post o la CNN, no. "La fuerza de la opinión pública es irresistible cuando se expresa libremente", dejó dicho ya, a comienzos del siglo XIX, Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos de América.

J.T.

domingo, 16 de abril de 2017

Los ministros en la Semana Santa más militar


Una docena de legionarios acudieron al hospital materno infantil de Málaga el pasado día diez de abril, lunes santo. Traían regalos a los pequeños enfermos y una sorpresa final: en la ludoteca del centro interpretaron para ellos la canción más conocida de esta fuerza militar creada por José Millán-Astray y en la que, entre otros, figuran estos versos:

Soy un hombre a quien la suerte/ hirió con zarpa de fiera,/ soy un novio de la muerte/ que va a unirse en lazo fuerte/ con tal leal compañera

Estos novios de la muerte no fueron al hospital infantil solos. Les acompañan representantes de una de las cofradías más famosas de Málaga, la del Cristo de Mena, también llamado de la Buena Muerte, una hermandad que desde hace décadas, justo merced a la legión, acapara los jueves santos en la ciudad gran parte del protagonismo.

Así volvió a ocurrir este jueves santo día trece. Por la mañana, fueron los legionarios los encargados de trasladar la imagen desde su templo hasta el trono, tras ofrecer en el puerto una ceremonia de desembarco sobrecargada de efectismo y recorrer a paso ligero buena parte de las calles malagueñas. Y por la tarde, durante la procesión oficial, interpretaron sin descanso a lo largo de todo el recorrido la misma canción que le dedicaron a los niños del materno infantil el lunes diez de abril.

Estaban contentos esta Semana Santa en la cofradía de Mena, pues días antes supieron que el ministro del Interior había decidido otorgar a su hermano mayor la Cruz al Mérito Policial con Distintivo Blanco. Juan Ignacio Zoido no parece dispuesto a ser menos que su antecesor, quien durante su mandato condecoró a la virgen del Pilar de Zaragoza y a la del Amor de Málaga. No fue el primero Jorge Fernández Díaz, porque los socialistas José Antonio Alonso y Alfredo Pérez Rubalcaba también condecoraron, cuando estaban al frente del ministerio del Interior, a varias cofradías.

El miércoles doce, la ministra de Defensa, Dolores de Cospedal ejerció, también en Málaga, de mayordomo en uno de los tronos de las Cofradías Fusionadas, donde desfilan militares de la Brigada Paracaidista. La acompañaba Rafael Catalá, ministro de Justicia, para quien “rechazar la presencia de militares en actos o sociales es ir contra el sentir popular”. La Guardia Civil tampoco falta en esta amplia y generosa presencia de lo militar en la Semana Santa malagueña. El benemérito cuerpo escolta los miércoles a la hermandad de la Expiración, y allí estuvieron también Cospedal y Catalá, como en tiempos de Franco hacía cada año su ministro de la Gobernación, Camilo Alonso Vega, que acabaria siendo nombrado hermano mayor honorario perpetuo de la cofradía.

Cospedal aún no ostenta tal honor, pero parece decidida a hacer méritos. Desde las dos de la tarde del
jueves hasta la medianoche de este domingo la bandera española ondeó a media asta “por la muerte de Cristo” en todas las unidades, bases, centros y acuartelamientos del país mientras miles de militares de los tres ejércitos, según el Observatorio del Laicismo, participaban en más de un centenar de procesiones en poblaciones de toda España, como en la del Santo Entierro el sábado en Sevilla, que Cospedal y Zoido presidieron juntos en los palcos de la plaza de San Francisco.

La bandera a media asta en los centros militares es “una tradición” que el PP mantiene desde que Mariano Rajoy es presidente, aunque hasta ahora no se había llevado a cabo en la sede de Defensa. La decisión aprovecha un hueco en el reglamento de honores militares vigente desde los tiempos de Carme Chacón al frente del ministerio, cuando se limitaron las muestras de duelo con la bandera a media asta al fallecimiento de un militar en acto de servicio, del titular de la Corona, de su consorte o su heredero, o -añadía- “cuando el Ejecutivo decida la medida”. Esta puerta abierta es la que ha
aprovechado el “tea party” del PP.

J.T.

jueves, 6 de abril de 2017

El “know how” del PSOE andaluz


Hay una manera de hacer política en Andalucía que, de acabar siendo importada al resto de España con la victoria de Susana Díaz en la pugna por la Secretaría General del PSOE, nos introduciría en parecida dinámica a la aquí existente desde que se celebraron en 1977 las primeras elecciones democráticas. Una manera de pensar del aparato socialista andaluz cuyo resumen podría ser el siguiente:

1. El PP es partido de los señoritos, que son pocos, no le hacen asquitos a la corrupción y heredaron de UCD aquel “Andaluz, este no es tu referéndum” que aún les pasa factura treinta y siete años después. Los de centro derecha decentes, en Andalucía y en toda España, somos nosotros.

2. A nuestra izquierda, nadie tiene nada que hacer. Nuestro elector medio no traga a los ricos, pero tampoco quiere disgustos con los ahorrillos ni con el piso de la playa y sabe que nosotros le proporcionamos tranquilidad. El porcentaje de votos de Podemos en todo el país debe llegar como mucho entre el quince y el veinte por ciento, que es lo máximo que los partidos a la izquierda del PSOE han conseguido siempre en Andalucía.

3. Los nacionalismos en nuestros dominios no ofrecen nada mejor que lo que proporcionamos los socialistas. Juegan a progresistas pero son de derechas, como todo nacionalismo. Por poco progresistas que seamos nosotros, siempre lo seremos más que ellos. Por eso hemos conseguido que se queden prácticamente sin votantes.

4. Cuando otros partidos deciden aliarse contra nosotros, lo que consiguen es que salgamos reforzados, como ocurrió entre 1994 y 1996 cuando Partido Popular e Izquierda Unida practicaron aquella célebre “pinza” para intentar desgastarnos porque gobernábamos en minoría.

5. Cuando otro partido gobierna en coalición con nosotros, acabamos desactivándolos. Tanto Partido Andalucista como Izquierda Unida perdieron apoyo en las elecciones posteriores a aquellas legislaturas en que gobernaron en coalición con nosotros.

6. Hay agricultores de Jaén, Córdoba o Sevilla, pequeños empresarios y gentes de clase media en toda Andalucía que son de derechas, pero que votan socialista en las autonómicas porque saben que salen ganando. Solo hay que convencerlos de que votar socialista en las generales también será bueno para ellos.

Si a estas seis reflexiones le sumamos la destreza del aparato para los cálculos matemáticos, las purgas y los premios a la fidelidad, artes que llevan perfeccionando cuarenta años, nos encontramos con una máquina perfectamente engrasada y dispuesta para ser importada de la calle San Vicente en Sevilla, sede del Partido Socialista Andaluz, a la calle Ferraz de Madrid.

Todo esto es lo que piensan también en el club de los dinosaurios, al que últimamente alguien ha venido en llamar “socialismo tradicional”, aquellos que el 26 de marzo, fueron a Fibes a hacerse la foto y a cerrar incondicionales filas con la gran esperanza blanca de Triana. El know how andaluz exportado a toda España. Algo tendrá el agua cuando la bendicen, piensan, y si en Andalucía llevan gobernando cuarenta años seguidos por algo será. Si los trabajadores de su manipulada televisión arman menos ruido que otras, por algo será. Si a pesar de los pésimos índices de bienestar en la Comunidad, a Susana se la comen a besos en las plazas de los pueblos que visita, por algo será.

Todo eso es lo que hay detrás de las desahogadas expresiones del responsable en Málaga del aparato del PSOE en la provincia. Lo que dijo es lo que piensan la mayoría de quienes, instalados en las instituciones desde hace decenios, no están dispuestos a que nadie ponga en peligro su, por otra parte, única fuente de ingresos que han tenido en su vida. Como se pregunta Odón Elorza, habría que saber cuántas charlas “formativas” de ese tipo se han dado a las juventudes socialistas para justificar el golpe de octubre demonizando a Pedro Sánchez, al PSC y  a los diputados socialistas que se negaron a abstenerse cuando se le otorgó el gobierno a Mariano Rajoy.


El triunfo del estilo andaluz en las primarias y en el congreso del PSOE tendría, si llega a producirse, carácter de acontecimiento histórico. Si más tarde consiguieran convertirlo en votos en unas elecciones generales, habría que quitarse el sombrero y reconocer que son unos genios.

J.T.

jueves, 30 de marzo de 2017

Los tuits de Cassandra y el muro John Lennon de Praga



En el barrio de Malá Strana de Praga, frente a la embajada de Francia en la República Checa y muy cerca del famoso puente Carlos, que atraviesa el río Moldava, hay una pared que no es una pared cualquiera sino un muro donde, desde el día de diciembre de 1980 en que mataron a John Lennon, nunca falta una pintada dedicada a su memoria. Este miércoles me acerqué a ese lugar y pude comprobar que el carácter simbólico de protesta que ese trozo de pared tiene desde hace más de treinta y seis años, aún continúa vigente.

En ese muro, la mañana siguiente al asesinato del ex Beatle, apareció un retrato del artista y unas pintadas en su honor que los miembros del gobierno checoslovaco de entonces, a quienes Lennon les parecía un pacifista peligroso hasta el extremo de tener prohibidas en el país la reproducción de muchas de sus canciones, consideraron un desafío. La imagen del cantante y las frases escritas en su honor fueron borradas inmediatamente y el muro volvió a lucir su blanco escrupuloso… hasta la mañana siguiente en que volvían a aparecer pintadas flores, canciones de Lennon o mensajes por la paz que la policía hacía desaparecer de nuevo a las pocas horas. El toma y daca duró nueve años, hasta la caída del régimen comunista, y desde entonces el muro es considerado un monumento a la libertad de expresión que permite mantener vivo el recuerdo de aquella rebeldía.

Me conecté al wifi del restaurante John Lennon, situado justo enfrente del muro dedicado a su memoria, y fue entonces cuando me enteré de la sentencia que condena a la joven Cassandra Vera a un año de cárcel y siete de inhabilitación por varias frases humorísticas dedicadas a Carrero Blanco en su cuenta de twitter. Me acordé en ese momento de mi amigo Facu Díaz, que tuvo mejor suerte, pero a quien nadie libró en su día del mal trago de pasar por un juzgado por hacer, según la fiscalía, humor con asuntos políticamente incorrectos. Y me acordé también de la tortura a la que sometieron a Guillermo Zapata durante meses interminables por frases también escritas en twitter, y de los titiriteros…

A dos mil quinientos kilómetros de distancia, hay unos instantes en que tiendes a pensar que noticias como la condena a la joven Cassandra no pueden ser verdad, que alguien tiene el día tonto y está de broma. Pero no, no debo perder la perspectiva. Lo que ha pasado es una cosa muy seria. Es un castigo, un escarmiento, un aviso que no está dirigido solo a la joven condenada, sino que está dotado de una profunda carga simbólica. Una sentencia así ha sido posible merced a una ley pensada por el Partido Popular para cercenar la libertad de expresión, para meter miedo. Como Cassandra solo ha sido condenada a un año de cárcel, no tendrá que ingresar en prisión, pero deberá tener mucho cuidado para no ser reincidente, porque si se le ocurre “molestar” otra vez en las redes y vuelve a ser encausada entonces sí, entonces puede ir a la cárcel si vuelve a ser condenada.

Como si se tratara del túnel del tiempo, me viene al recuerdo la asfixiante atmósfera que se vivía en España el año en que mataron a John Lennon, cuando mis compañeros José Luis Morales, Xavier Vinader y tantos otros eran juzgados por los reportajes que publicaban y hasta a mí me sentaban en el banquillo por ser director de paja de una revista de tías en pelotas. Al menos entonces existía la esperanza de que la Transición acabaría con aquello, que enseguida modificarían las leyes, aunque algún que otro susto nos llevamos antes que las cambiaran. Pero ahora, en 2017, ¿qué leyes van a cambiar, si es precisamente el gobierno que está en el poder quien las ha promulgado?

La condena a Cassandra es un pésimo síntoma, cualquier cosa menos una broma. Que un fotógrafo o un cámara de televisión salgan a trabajar temiendo ser castigados por las imágenes que puedan llegar a tomar, que los dibujantes y los escritores necesiten andarse con cuidado a la hora de publicar sus trabajos, es la peor de las noticias posible para las libertades.

No se puede consentir. No se puede ceder ni un milímetro de ese espacio. Hay que insistir una y mil veces, aunque cada día te intenten borrar lo que escribes, lo que dibujas, las fotos que haces o las imágenes que tomas. Da igual. Como en el barrio Malá Strana de Praga, cada mañana las frases y las ìntadas deben aparecer de nuevo en el muro de John Lennon. Aunque las vuelvan a tapar por las tardes con pintura blanca. Siempre llega el día en el que al poderoso no le queda más remedio que marcharse.

J.T.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Emilio Botín sigue ganando batallas

Tras la designación digital -a dedo- de Susana Díaz, por parte de Pepe Griñán, como presidenta de la Junta de Andalucía, los banqueros y grandes empresarios empezaron a desfilar por San Telmo para rendir pleitesía a la flamante lideresa. A medida que transcurre el tiempo, parece que va quedando mucho más claro que aquello no fue una simple casualidad.
Los poderosos, y la antigua guardia pretoriana del PSOE, habían encontrado a quien andaban buscando. Para que parezca que las cosas cambian, pero todo continúe como está, es bueno buscar entre quienes vienen detrás la persona dispuesta a hacer ese trabajo con eficacia y convicción. Y la encontraron.
Había que hacer encajar los intereses del dinero con los de la derecha en el gobierno, con los de los socialistas que habían gobernado el país y manejado los hilos en el partido, y también con los de quienes, gracias a su trabajo en el PSOE, o al cargo de representación que ostentan en su nombre, tienen desde hace muchos años la supervivencia asegurada.
Nada parecía correr peligro hasta que la aparición de Podemos generó serios temblores de piernas en los cenáculos políticos y económicos. Para colmo de males, Pedro Sánchez les salió rana y hubo que organizar un golpe de estado a cara descubierta. Así, tras ayudar al Partido Popular a recuperar el gobierno y ya sin pudor, cuando el defenestrado opta por plantar cara, se decide organizar una intimidante manifestación de poderío con la que arropar la candidatura de Díaz a la secretaria general socialista, para que a nadie le quepa duda sobre qué camino es el “correcto” cuando llegue el momento de votar en las primarias y en el congreso.
Ellos, quienes apoyan a Susana Díaz son, aseguran, cien por cien PSOE, la esencia, la sustancia, el perejil imprescindible. ¿De qué PSOE? ¿Queda algo de aquel PSOE que ilusionó a diez millones de votantes en 1982? ¿Queda algo de aquel Felipe, de aquel Guerra? ¿Acaso se reconocen cuando escuchan y ven lo que decían y hacían hace cuarenta años? ¿En qué caladeros piensan pescar los reunidos en Fibes el domingo todos los respaldos que necesitan?
¿Qué PSOE es el de esa esa foto de todos juntos arropando a la candidata blanca? ¿A quiénes y a cuántos representan, aparte de a sí mismos? Cuando son necesarias tales exhibiciones de fuerza, se está reconociendo la propia debilidad. Si la intención el domingo 26 de marzo en Madrid fue asustar a los díscolos, malo. Si lo consiguieron, porque no hay reacción más imprevisible que la del asustado. Y si no lo lograron, pues qué quieren que les diga.
¿De verdad,, con aquella puesta en escena, aspiraban a transmitir ilusión? ¿A cuántos? ¿A quiénes? Si era al ABC o La Razón, entonces no tengo nada que decir. Pero para ilusionar al votante de a pie, ¿no tendrían al menos que ayudar a Díaz a enhebrar frases menos trilladas y con más sustancia de las que pronunció? ¿Con mensajes  como “hay que levantar la voz”, “aquí tienen cabida todos”, y “tenemos que liderar un proyecto que se haga cargo de España” esperan llegar muy lejos?
Me pregunto si, tras la solemne entronización del pasado domingo, tanto los venerables dinosaurios como la gran esperanza blanca tienen alguna carta escondida en la manga que el resto de los mortales desconozcamos. Imagino que así será porque, con la mili que reúnen todos juntos, no creo que se arriesguen a dar puntada sin hilo. Pero a simple vista no se intuye, la verdad. Para atraer los votos que necesitan, siempre que el juego sea limpio, sobra parafernalia y faltan argumentos. A menos que, como ha dejado dicho Gabilondo, hayan apostado por el órdago a la grande contemplando incluso la hipótesis del suicidio.
Frenado el efecto Podemos, donde el viejo sistema le llegó a ver las orejas al lobo, ahora buscan recomponerse hasta conseguir rehabilitar el entrañable bipartidismo que tantas alegrías les dio en sus vidas. “No existe una derecha transformadora a la izquierda del PSOE“, proclama la misma persona que entregó en bandeja el gobierno a Rajoy. Extraña manera de reivindicar la izquierda escorando hacia la derecha.
Dos días antes de morirse, el banquero Emilio Botín admitió públicamente lo preocupado que estaba por cómo iban las cosas en Catalunya y por el peso que estaba adquiriendo Podemos en el panorama político nacional. Pero que no se inquiete el viejo banquero allá donde esté, porque Susana Díaz y el gran aparato que la respalda parecen dispuestos a que, incluso después de muerto, Emilio Botín continúe ganando batallas.
J.T.

jueves, 23 de marzo de 2017

Susana, Pedro y La Semana Santa (Artículo en clave sevillana)


Resuenan los penúltimos martillazos en la plaza de San Francisco, cobran forma por fin los palcos que agitan y aceleran, como cada año por estas fechas, la vida de la ciudad. Hemos pagado nuestra papeleta de sitio y ya tenemos el traje preparado, y los guantes, y el calzado, y el capirote nuevo... hemos visto el viacrucis de Montesión, vivido los triduos en San Buenaventura, los quinarios en Santa Cruz y en Los Servitas, hemos desfilado por el besapies de Los Panaderos y el besamanos de El Valle... El palio de la Candelaria ya está listo, como la túnica del nazareno de la O, o Caifás en el misterio de San Gonzalo... o el Cachorro, el crucificado entre los crucificados.

Los deberes están hechos, pero este año hay novedades. En 2017 las hermandades sevillanas tienen dura competencia a la hora de acaparar todo el protagonismo de estas singulares fechas. De San Telmo no sale ninguna cofradía, de momento, pero en la de los Estudiantes, que es la más cercana a la sede de la presidencia de la Junta de Andalucía, andan pelín mosqueados. Cuando el domingo de Ramos, camino de la carrera oficial, llegue a la Universidad la comitiva de la Paz, seguro que respirarán más tranquilos una vez que hayan conseguido rebasar sin problemas el lugar desde donde la temida Susana Díaz irradia todo su poder.

¿Estáis ya en carrera oficial?, le preguntarán por el manos libres a los de La Borriquita Ningún problema en la Magdalena, ¿no?, le comentarán a los cofrades de Jesús Despojado mientras sus costaleros se lucen en magistral chicotá al son de “Caridad del Guadalquivir” interpretada por la Agrupación Virgen de los Reyes. Y resoplarán aliviados.

No tienen nada claro las cofradías que se resigne Susana Díaz, una semana entera, con primarias y congreso en su partido a la vuelta de la esquina, a dejar de acaparar primeras páginas de periódico y aperturas de informativos. Menudo dilema el miércoles santo para Canal Sur. Si ese día, a la misma hora, coinciden el Psoe reunido en San Vicente y los franciscanos del Buen Fin, que tienen el templo en la misma calle, saliendo de procesión, ¿qué darán en directo? Ni en San Telmo ni en San Vicente van a descansar, por muy cofrades que sean, a poco más de un mes de la subida de Susana Díaz a los cielos.

Si yo fuera Pedro Sánchez, me tiraba la semana santa entera en Sevilla. De cofradía en cofradía, contraprogramando. El lunes, en El Beso de Judas; el martes, La Bofetá; el miércoles, La Lanzada... La tarde del jueves santo, desfilando junto a los armaos y luciendo palmito por toda la ciudad, y la Madrugá en la Macarena, con la Sentencia. Echándole un pulso a la Esperanza de Triana y a su vecina la presidenta. ¡A ver quién acaparaba más primeras páginas de periódico! ¿Se imaginan a ese Pedro Sánchez, con su fiel escudero Alfonso de Celis, por las cofradías de barrio, haciéndose fotos a las doce de la mañana en el Tiro de Línea, en el Cerro, en la Sed... y por las tardes sentado en un palco de San Francisco frente a la tribuna oficial, mientras la Amargura o Las Penas le piden la venia al alcalde Juan Espadas con Susana Díaz al lado...

El Congreso del Psoe podría jugarse en la Semana Santa de Sevilla si Sánchez contara con asesores que le ayudaran a jugar esa baza. Y las cofradías, encantadas. Quizás perderían algo de protagonismo, pero al menos se divertirían. Que no todo va a ser estación de penitencia.

J.T.

martes, 21 de marzo de 2017

Pedir amparo a la APM es perder el tiempo

Aplaudo la decisión de la dirección del diario Público. Recurrir a las asociaciones de la prensa para que te amparen no sólo es perder el tiempo, sino correr el riesgo de llevarte un enorme disgusto. El periodismo es un oficio insolidario. Existe, eso sí, y no siempre, una cierta complicidad con el compañero de la mesa de al lado, o con aquellos con quienes coincides a diario en las coberturas callejeras. Pero hasta ahí. Todo lo demás es indefensión.
No defiendo el sectarismo que practican algunos colegios profesionales, y menos la impunidad con la que en ciertos casos llegan a blindar a sus asociados, pero cuando un arquitecto, un abogado o un médico tienen problemas, por lo general cuentan con un sólido colegio profesional detrás que les apoya y defiende. De las Ascociaciones de la Prensa no puede decirse lo mismo. Si el periodismo necesita reinventarse, las asociaciones de periodistas lo precisan mucho más.
Como en tantas otras instituciones del país, en las Asociaciones de la Prensa, la dejadez, las dichosas inercias y la existencia de oscuros intereses con los que no se pudo, o no se quiso, acabar en su momento, mantuvieron para sus directivos durante décadas costumbres y prebendas heredadas del franquismo ¿El precio? La docilidad. Tardaron demasiado tiempo en entender las Asociaciones, algunas todavía no lo han entendido, que su verdadera función, la razón de su existencia, es defender a los profesionales. De lo contrario, más vale que desaparezcan.
La APM continúa sin entenderlo. Nunca se me ocurrió recurrir a ella cuando tuve problemas con la justicia a lo largo de mi vida profesional, y eso que hubo momentos en que llegué a sumar más de cien expedientes judiciales abiertos, principalmente en juzgados de Barcelona, pero también en la Audiencia Nacional. Siempre tuve claro que, a pesar de estar asociado y pagar religiosamente mi cuota trimestral, nunca se preocuparían por mis problemas. Era algo que podía entenderse apenas pisabas sus alcanforadas dependencias.
Continúan siendo acólitos del poder como en tiempos del abuelo de Aznar o de aquel fascista llamado Juan Aparicio (que no se me enfaden las excepciones, pero esas excepciones saben perfectamente que lo son, y desde aquí mi reconocimiento una vez más a su lucha, casi siempre estéril).
Claro que, incluso a la hora de relacionarse con el poder, también parecen usar diferentes varas de medir. Cuando a Manuela Carmena se le ocurrió poner en marcha una web para informar sobre asuntos del ayuntamiento de Madrid, faltó tiempo para que la APM y la Federación de Asciaciones de la Prensa (FAPE) elaborasen un comunicado haciendo pública su más enérgica protesta.
Algún despistado puede argumentar que acaban de amparar a varios profesionales que se quejaban de ser presionados por personas afines a Podemos, pero ese despistado me va a permitir que me desahogue dedicándole una sonora carcajada.
Me cuesta aceptar que al frente de la Asociación de la Prensa de Madrid se encuentre una persona como Victoria Prego, a quien en otro tiempo tanto admiré. Me cuesta entender el papel que desempeñan en la junta directiva respetados amigos y compañeros como Jesús Maraña o Antonio San José. No sé si en sus manos estará hacer algo contra las presiones a las que está siendo sometido el diario Público desde que comenzó a sacar a la luz los trapos sucios de las cloacas del ministerio del Interior. Pero cuando, sin orden judicial, la policía se presentó un día de fiesta en la redacción exigiendo las grabaciones publicadas por Patricia López y Carlos Enrique Bayo, el periódico no obtuvo ningún amparo por parte ni de la APM, ni tampoco de la FAPE.
Por eso entiendo a Ana Pardo de Vera, cuando a las preguntas este martes de Fernando Berlín sobre su intención de pedir amparo a la asociación, tras haber denunciado en el periódico amenazas directas a miembros de su redacción, responde que no. Toda mi solidaridad, directora. Para ti, para Patricia y para Carlos Enrique.