martes, 9 de noviembre de 2010

¡Disparen a ese periodista!


¡Qué pereza da trabajar como periodista en Marruecos! Hasta ahora, cubrir una información en ese país era, básicamente, un coñazo. Ahora, con los obstáculos para que los profesionales de la información podamos contar qué demonios está pasando en el Aaiún, nuestro trabajo allí se convierte directamente en un peligro.

El viernes pasado ya enseñaron la patita en Casablanca cuando agredieron a nuestros compañeros Eduardo Marín y Antonio Parreño en un juzgado de Casablanca durante el juicio a siete saharauis y los comunicados oficiales de las autoridades marroquíes los acusaban encima a ellos de "violadores flagrantes" de la legalidad vigente. 

Las trabas que Marruecos está poniendo a la información sobre los conflictos con los saharauis durante los últimos días yo las considero un mero y oportuno símbolo: porque el fondo de la cuestión es que el poder no quiere moscones, no quiere que se proporcione información clara nunca. Les estorbamos, les tocamos las narices sólo con nuestra presencia. A a países como Marruecos y a países democráticos, da igual.

Lo que Marruecos hace estos días en  El Aaiún es lo que cualquier poderoso haría si no existieran, como no existen en ese país, mecanismos democráticos de control que corrijan la tendencia al abuso y permanecer vigilantes para garantizar que las libertades funcionen. Para que el poderoso se lo piense dos veces antes de ceder a la tentación -que siempre tienen- de borrarnos del mapa de un plumazo.

Reporteros sin Fronteras  sitúa a Marruecoss el número 135 de 178 países en la clasificación anual de la libertad de prensa.

Le siguen México, Singapur, Turquía, Etiopía y Rusia, con menos libertad todavía que Marruecos.

Los cinco últimos son Birmania, Irán, Turkmenistan, Corea del Norte y Eritrea. No quiero ni pensar cómo debe ser la vida de un periodista en cualquiera de esos países.

España está en el puesto 39, por detrás de Chile, Uruguay o Sudáfrica, por ejemplo, Cuba es la 166 y en los cinco primeros lugares de la lista están, por este orden: Finlandia, Islandia, Noruega, Holanda y Suecia. Estados Unidos ocupa el puesto número 20, Francia el 44 e Italia el 50. Bolivia está en el 103. Argelia, en el 133 y Venezuela, en el 134 son los dos países que preceden a Marruecos en este ránking.


Países en negro = Cero libertad
Países en blanco = Los mejores
En rojo = Impresentables
Naranjas = Peligro
¿Y los amarillos como nosotros? Pues que algo estaremos haciendo mal

Tanto el ránking como este mapa los ha elaborado Reporteros sin Fronteras a partir de datos obtenidos durante un período de un año que finalizó el pasado uno de Septiembre.  No se han tenido en cuenta el conjunto de las violaciones de los derechos humanos, sino únicamente los atentados a la libertad de prensa.

El estudio recoge el conjunto de atentados directos a periodistas (asesinatos, encarcelamientos, agresiones,amenazas, etc.) o a medios de comunicación (censura, embargos, registros, presiones, etc.). Deja constancia del grado de impunidad que disfrutan los autores de estas violaciones de la libertad de prensa y mide también la autocensura que existe en cada país.  Evalúa además la capacidad crítica e investigadora de la prensa. Las presiones económicas se tienen también en cuenta.

Tiene además en cuenta el cuestionario con el que se han elaborado las conclusiones el marco jurídico que rige el sector de los medios de comunicación en cada país (sanciones por delitos de prensa, monopolio estatal en algunos terrenos, regulación de los medios, etc.) y el nivel de independencia de los medios de comunicación públicos.  

En resumen, que la indignación que nos produce lo que está ocurriendo en Marruecos no debe hacernos olvidar que nuestro puesto es  todavía el número 39.  Francamente mejorable. Aunque -¡qué alivio!- estamos por delante de Francia o Italia,  pero -ahí queda eso- por detrás de Polonia, Letonia, Mali o Namibia, por ejemplo.

J.T.

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