lunes, 31 de marzo de 2014

¿Podremos volver a creer en los políticos?


A esta derecha infestada de herederos de franquistas, lo de gobernar en democracia le parece un verdadero coñazo. Pero vamos a ver, se preguntan, ¿yo no cuento con mayoría absoluta? Entonces, ¿por qué me la tengo que coger con papel de fumar a la hora de reprimir una manifestación, por ejemplo? ¿por qué me veo obligado a diseñar maquiavélicas estrategias para que mis teles tengan carnaza con la que poder criminalizarmanifestaciones multitudinarias promovidas por pérfidos antisistema, esos encapuchados con mochila vestidos de oscuro?

Pero ¿es que no hay manera de meter en cintura a los jueces de una vez? Echamos a Garzón y nos salen Silvas y Pedraces por todas partes ¿pero esto qué es?  ¿Qué hace Lara dejando todavía que la Sexta siga criticándonos? ¿Qué hace Cáritas dejándonos en evidencia? ¿Qué hacen algunas monjas incendiando twitter y poniéndonos a parir? ¿También en la iglesia nos van a poner la proa? Esto de que Rouco apenas mande ya... Menos mal que todavía nos quedan sus homilías en los funerales.

Tal que así piensa Rajoy, creedme. Cuando no está leyendo el Marca, esto es lo que bulle en el interior de su privilegiado cráneo, esto es lo que pasa por la cabeza de Soraya, su eficaz "Rasputina", cada vez que ella y su mediocre mentor han de sortear obstáculos que les impiden circular hacia el neoliberalismo total a la velocidad dictaminada para su implacable hoja de ruta. Una hoja de ruta diseñada por la Otan, la UE, la troika y demás buitres europeos y del mundo mundial a quienes estos capataces de cortijo están dispuestos a complacer cueste lo que cueste... a los ciudadanos.

Hacen y deshacen mientras el psoe, desaparecido en combate desde hace dos años, apuesta por el tancredismo que tan buenos resultados acabó dándole a Mariano por si también a ellos acabara cayéndoles la breva. Una de las razones por las que el gobierno del pp putea sin miramientos a los votantes, incluidos a los de su propio partido, es porque no se ven en peligro. Tienen la misma percepción que Martin Schulz y entienden que el psoe ha dejado tirado a los suyos. Schulz, candidato socialista a presidir la Comisión Europea, lo soltó sin ambages este fin de semana en Madrid: "¿Los votantes nos abandonaron o somos nosotros quienes abandonamos a los votantes?" 

Y más que os van a abandonar como no espabiléis, Martin. En un rimbombante mitin de campaña para las europeas, con González y Zapatero presentes en el acto, el actual presidente del parlamento europeo admitió que para recuperar a los votantes perdidos por el socialismo, hay que volver a conectar con ellos "compartiendo su dolor, porque la mucha gente que está sufriendo con la crisis no se ha sentido protegida". 

No sé si el político alemán sabe hasta qué punto tiene razón: los hachazos del pp que han empobrecido ya a casi quince millones de españoles apenas han rozado a ningún miembro de la casta política, ya sea de izquierdas o de derechas. Ellos mismos se perciben lejanos, privilegiados. Viven blindados e inmunes a la depredación de Rajoy y su irritante cohorte y por tanto, ignoran muchas de las alarmantes consecuencias que el ciudadano medio sufre en su día a día. 

Como se encarga de recordarnos este lunes en su twitter mi amigo Teófilo Serrano "es difícil entender el problema de la vivienda si uno tiene en propiedad un chalet en una urbanización en que el 75% vota PP, es difícil entender los problemas del transporte público cuando uno lleva muchos años sin bajarse del coche oficial porque uno deja de entender los problemas de sus electores, cuando no vive como ellos".

Entre herederos de franquistas que nos machacan y la oposición acomodada que no se entera, el caso es que continuamos cuesta abajo, de fracaso en fracaso hasta el desastre total. ¿Las elecciones europeas? A mi lo que me preocupa es el día después, porque sea cual sea el resultado, lo único que puede cambiar las cosas es que la casta política entienda que tiene que cambiar su actitud por completo. Y para eso hace falta, en primer lugar, que se produzca un verdadero vuelco; y en segundo, que los protagonistas de ese vuelco no acaben cayendo en los mismos vicios.

Mucho tienen que espabilar, tanto los de siempre como los nuevos para que volvamos a verlos cercanos, para que nos creamos lo que nos dicen, para que confiemos en ellos... Los que no se han ganado a pulso nuestro desprecio, se han ganado nuestra desconfianza. Los nuevos que apuestan ahora por irrumpir en escena, todos los que aseguran que traerán aire fresco y que abrirán puertas y ventanas, lo primero que tendrán que hacer, si consiguen que los votemos, es aprender a gestionar nuestro recelo.

J.T.



jueves, 27 de marzo de 2014

Ese robo llamado recibo de la luz

Contador "inteligente"

Un máster en económicas no creo que sea suficiente. Para entender el dichoso recibo de la luz hay que ser directamente premio nobel de matemáticas. Y ahora, con lo de los contadores inteligentes, no te digo ya. Porque no basta con ser un figura en esto de los números. Además hay que disponer del tiempo libre necesario para conseguir descifrar, analizar, sacar conclusiones y planificar cuándo vas a hacer funcionar el lavavajillas, poner los espaguetis a cocer en la vitro o dedicarte a planchar un rato.

Ná, hombre, ná. Si está chupao, mira: tú te metes en internet seis o siete veces al día, miras las subastas, anotas las franjas horarias en que la energía eléctrica va a costar menos al día siguiente y a esa hora , las tres de la madrugada por ejemplo, pues vas y pones la lavadora tan ricamente. O haces el puchero y después lo congelas que está igual de sabroso. Si todo es cuestión de planificarse. ¿Que te hemos subido casi el doble el precio fijo de la potencia contratada? Pues contrata menos, hombre. ¿Que si contratas menos te saltan los plomos? ¿Pero a quién se le ocurre poner el radiador al mismo tiempo que cocinas? ¿Y las mantas, para qué están las mantas cuando te sientas en el sofá a ver la tele?

Además de sumisos neoliberales de pacotilla, nos han salido charlatanes de mediopelo. Profesionales del cuento chino y de intentar metérnosla doblá. Los lumbreras de Industria, con el ministro a la cabeza, andan de bolos por las teles y radios afines, que ya son casi todas, intentando disfrazar de reforma unas subidas escandalosas que convierten una necesidad básica en producto de lujo. 

Y digo yo, ¿no podían seguir robándonos directamente estos del recibo de la luz, como vienen haciendo toda la vida, y dejar de complicar tanto las cosas? ¿Tienen además que llamarnos derrochadores, hablarnos de tarifas planas, contadores inteligentes, subastas y demás farfolla? Las leyes del mercado, dicen ¡Amos, anda! Tienen la caradura de "venderte" que es por tu bien y que te saldrá más barato, ya verás... y cuando llegas al buzón y te encuentras carta de Endesa, o de Iberdrola, te tienes que tomar una biodramina antes de abrirla si no quieres desmayarte ante las dimensiones del sablazo. 

Aquellas pocas cosas que teníamos más o menos bajo control y conseguíamos que no nos quitaran demasiado el sueño, estos facinerosos las han conseguido embarullar hasta el límite de descolocarnos y hacernos llegar a la conclusión de que, te organices como te organices, acabarán robándote como siempre pero más. El recibo de la luz, o de la energía eléctrica como se le llama finamente, es ya un asalto a mano armada como lo es el de la telefonía desde que, teóricamente, se liberalizó el sector. Menos mal que iban a competir entre ellos. Libertad de elección, libre mercado le llaman a que podamos elegir el autor de la putada, ¡qué amables!

Mi recibo de la luz, perdón, de la energía eléctrica, y el de las personas que me rodean ha engordado estos últimos meses de manera escandalosa. Comparar consumos y precios con los de años anteriores es un puro ejercicio de masoquismo que conviene evitar sobre todo si tenemos la tensión alta o andamos regular de los nervios. 

Y es que de eso se trata, de avanzar todo lo posible en la operación de tenernos cada vez más acogotados, más inseguros, de hacernos más dóciles ante la autoridad competente por lo civil o por lo militar. No les basta con tenernos acojonados pagando hipotecas cuyo montante es mayor que el precio que ahora tiene el piso. No se conforman con sabernos con el alma en vilo por si no podemos pagar la cuota y nos desahucian. No les parece suficiente que haya vuelto el miedo a ponernos enfermos, a no poder pagar las medicinas, a una operación demasiado costosa... Quedaba la energía eléctrica y ya nos han jodido. Solo queda el agua, veremos por cuánto tiempo, para que nada imprescindible acabe siendo tocado. 

¡Qué sensación de indefensión, qué inseguridad, qué incertidumbre, qué impotencia! Hasta hace poco, cuando alguien con cierta suerte en la vida quería expresar gráficamente el estado de "tranquilidad" económica al que había conseguido llegar, solía decir:

-Bueno, yo la luz la tengo ya pagada hasta que me muera.

Mucho me temo que de ahora en adelante, si no quieren pillarse los dedos, van a tener que buscarse otro tópico más cabal. Porque la luz, queridos míos, ya no es lo que era. A menos que hayas sido presidente de gobierno o ministro y logres sentarte después en el consejo de administración de alguna de esas empresas cuyas facturas, para robarnos mejor, consiguen que no haya manera de entender.

J.T.


viernes, 21 de marzo de 2014

Las tres dimisiones de Adolfo Suárez


Yo el día que me muera, la verdad, no quiero que me pongan por las nubes los mismos que en vida se dedicaron a ponerme a parir. Los que tenéis menos de treinta y cinco años quizás no lo sepáis, pero la mitad de los panegíricos, encomios y enaltecimientos varios dedicados a Adolfo Suárez que escucháis y escucharéis estos días están firmados por los mismos que durante aquellos años clave se
dedicaron a hacerle la vida imposible a aquel entusiasta "tahúr del Mississipi" quien, sin haber leído
apenas en su vida, y menos un libro entero, supo no arredrarse cuando le encargaron un marrón que solo un "echao p'alante" como él podía atreverse a aceptar.

En la familia Suárez González estaban especialmente dotados para las relaciones públicas. Su hermano Chema llevaba hasta la discoteca "Long-Play" de Madrid a la flor y nata de la política, la cultura y el espectáculo de aquellos años y Adolfo llevaba al huerto con su envidiable arte para encantar serpientes, a cardenales, militares, falangistas y franquistas de todo pelo y condición.

Cuenta Gregorio Morán que Suárez y Carrillo supieron entenderse porque los dos eran iguales: animales políticos puros con poso cultural cero. Entre cigarrillo y cigarrillo con Carrillo y con muchos otros, Adolfo fue preparando -en secreto incluso, cuando así lo creía necesario- esa pócima llamada Transición cuyos presuntos efectos mágicos, si es que alguna vez los tuvo, hace tiempo ya que desaparecieron.

Adolfo Suárez era osadía pura y pilotaba un barco con muchas papeletas para irse a pique que, sin que se sepa muy bien por qué extraña conjunción astral, no acabó de hundirse del todo: engañó a los diputados franquistas para que se hicieran el harakiri; pactó con todas las fuerza políticas y sindicales una reforma económica y fiscal, llamada Pactos de la Moncloa, con la que consiguió frenar la desbocada inflación; promulgó una ley de amnistía, hizo una reforma militar, legalizó los partidos incluido el comunista, puso en marcha un proceso constituyente tras ganar unas elecciones, auspició la primera ley de divorcio, promovió la hasta entonces inexistente declaración de la renta... Todo esto y mucho más en apenas cuatro años y medio.

Treinta y tres años hace que se marchó y ahora, los mismos que le amargaron la vida no se cortan un pelo a la hora de hablar maravillas de él a estas alturas. Cuentan que Suárez apenas comía: si acaso una tortilla francesa, un café de vez en cuando.... Quizás debía tener suficiente con tanto sapo como se veía obligado a tragar a diario. Si la política es tragar sapos, por aquel entonces él debía salir a empacho diario.

Gestionaba los asuntos con la ansiedad, el hieratismo y la determinación de los jugadores de póker y aunque cerró en falso muchos episodios de la historia reciente, aunque dejó abiertas muchas heridas, sus defensores argumentan que al menos consiguió que no volviera a haber sangre. Que no corriera la sangre como tal, porque en el sentido figurado sí que la hubo. Para dar y para regalar.

El partido que él fundó y encabezó, la Unión de Centro Democrático (UCD) -nutrido básicamente de liberales, democristianos y algún socialdemócrata- era un vivero de forajidos siempre con el cuchillo entre los dientes, implacables caníbales políticos dispuestos a merendarse a Suárez apenas se presentara la ocasión que ellos ya se encargaban a diario de fomentar y propiciar y acelerar.

Los que más se han aprovechado de la llamada Transición lo hicieron tras machacar y triturar a Adolfo Suárez, a quien usaron y tiraron a la papelera a las primeras de cambio, empezando por su antiguo mentor y protector zarzuelero, apenas el servicial abulense dejó de serles útil.

No fue Suárez demasiado santo de mi devoción. Su desprejuiciada habilidad para trepar y prosperar en el franquismo, en los negocios y en los cargos públicos está suficientemente documentada en un libro titulado "Adolfo Suárez, historia de una ambición", que Gregorio Morán publicó en 1979. Pero creo que es justo poner en valor los huevos que este hombre le echaba a la vida.

Jugó con fuego, estuvo a punto de -literalmente- quemarse (véanse las imágenes del 23F) pero consiguió escapar vivo. Y además, no se desalentó. ¿Que me echan? Pues fundo otro partido, se dijo. Y se puso a ello. Fue así como nació el CDS (Centro Democrático y Social) y cuando asumió, tras los tristes resultados electorales de 1991, que los votantes le habían vuelto la espalda salió a la palestra, dio la cara y se despidió diciendo adiós muy buenas. Sí, señor. Se marchó. En un país donde, según se empeña en recordarnos el tópico, no dimite nadie, Suárez lo hizo dos veces: como presidente del gobierno en enero de 1981 y como responsable de una opción electoral diez años después.

Hubo una tercera vez: hace once años dimitió también de sus recuerdos. Ocupará sin duda un lugar importante en los libros de Historia. Como lo ocuparán también la Transición que pilotó y la Constitución que propugnó y cuyo momento de pasar página, ahora que nos deja su artífice, parece obvio que también ha llegado.

J.T.

sábado, 15 de marzo de 2014

Rajoy y la pasión “digital” del pp


Si digital viene de dedo, los que mejor han entendido el mundo en que vivimos son sin duda los miembros del partido popular. ¡Viva el vino, que diga el dedo! ¡Viva lo digital! Mucho mejor que la analógica costumbre de elegir entre todos. ¿Democracia? La imprescindible. O la inevitable, oiga, sin pasarse. ¿Primarias? ¿Pero qué dice usted, buen hombre? 

Se adaptan así a la modernidad “digital” sin verse obligados a romper con tradiciones tan entrañables como la pleitesía al dedo divino. Allá por 1989, veinticinco años ha, fue el dedo índice del venerable Manuel Fraga el que señaló a un bigotudo joven treintañero para regir los destinos de una formación política que hasta entonces no se comía un colín. Atrás quedaba el fiasco Hernández Mancha, la indisimulable decepción de aspirantes como Isabel Tocino que se creían con posibilidades… 

El hijo muy amado en quien Fraga decidió poner todas sus complacencias, un tal José María Aznar, creyó conveniente escenificar entonces, durante el congreso celebrado en Sevilla su agradecimiento, docilidad y sometimiento: entregó al amado líder una carta sin fecha con su dimisión para que el fundador del partido, que entonces iniciaba su retirada, pudiera regresar cuando le diera la gana si un buen día decidía cambiar de opinión. Sabido es que Fraga rompió esa carta y sabido es también que Álvarez Cascos recogió los pedacitos y la recompuso. 

Pero Aznar decidió llevar su sentido de la lealtad hasta las últimas consecuencias y, una vez ungido, entendió que la mejor manera de homenajear a su mentor era continuar utilizando sus mismas armas, su mismo método. Es decir, el dedo índice. Primero lo utilizó para indicarle la puerta de salida a los hasta entonces dinosaurios del partido y poco después empezó a regar ayuntamientos y autonomías de candidaturas digitales. De nombramientos realizados con el mismo dedo cuya huella figura en su carnet de identidad. 

El dedo índice, el que nos metemos en la nariz, el que más usamos en el móvil y en el ordenador, el del trasiego en la intimidad… ese es el dedo que Aznar usó para señalar a Rajoy en 2004 como Fraga lo había señalado a él quince años antes. Entrañable tradición, vive dios. A un lado la libreta azul, al otro ese dedo que toma el bolígrafo y anota. Ese dedo que repasa las páginas, tacha, vuelve a escribir… Y esa embriagadora sensación de poder, de jugar al suspense, de tener a todo el mundo pendiente de tu decisión, esa excitante certeza de saberla inapelable, ese subidón que proporciona tener el destino de la gente en tus manos. 

Si de tu dedo depende que alguien acabe en el FMI o sea candidato a las generales, ¿cómo vas a renunciar a ese privilegio por las buenas? ¿estamos locos o qué? Si gracias a que un día alguien te señaló con el dedo puedes ahora dedicarte tú a hacer lo mismo, ¿cómo te vas a privar sin más de ese placer? 

El pp andaluz ya sabe lo que significa la pasión digital de Rajoy. José Luis Sanz, presunto líder cantado, comprobó estupefacto hace unos días cómo Mariano se sacaba un conejo de la chistera apellidado Moreno, procedió a ungirlo con su mágico dedo y lo colocó en su lugar. La cara que se le quedó a Sanz recordaba, y mucho, la que en su día le vimos a Rato cuando Aznar decidió escoger a Rajoy o a Tocino cuando supo que el elegido por Fraga era Aznar y no ella. 

¡Ay, el peso de la tradición! Ahora toca elegir al candidato a las europeas y ahí nos tiene Mariano a todos, con Cañete al frente, en un sinvivir mientras él disfruta en secreto del excitante placer de los prolegómenos. Yo creo que Rubalcaba le tiene envidia, y puede que hasta Cayo Lara y su laberíntico aparato, tan enzarzado en luchas cainitas para conseguir tocar algo de pelo, que una cosa es la conciencia y otra la supervivencia. 

Quizás por eso Rajoy, rey de los másters en salir airoso de trances comprometidos, apueste por perpetuar el legado de sus antepasados. Donde esté un dedo índice bien puesto que se quiten unas primarias, que ya se sabe que esas cosas las carga el diablo. Así lo decidió Fraga padre, así lo perpetuó Aznar hijo y así lo mantiene Mariano espíritu santo. Por los siglos de los siglos, viva la costumbre digital. Amén.

J.T.

jueves, 13 de marzo de 2014

Federico Quevedo pide perdón


Como esto de pedir disculpas hay tan poca gente que lo hace, vaya por delante mi reconocimiento hacia el gesto de Federico Quevedo quien este miércoles, sin llegar al extremo de aquellos policías ucranianos que recientemente pidieron perdón de rodillas a la población por haber actuado violentamente contra ella, se ha autoflagelado públicamente por tierra, mar y aire y ha solicitado la absolución por haberse dedicado durante años a dar pábulo a la teoría de la conspiración sosteniendo que, tras los atentados del 11M, estaba Eta. 

Si bien es cierto que hace ya un tiempo que dio marcha atrás, no lo es menos que ha sido en este décimo aniversario de aquella horrible tragedia cuando los golpes de pecho de Federico han conseguido sonora trascendencia mediática. Entre otras cosas porque él ha puesto en ello el suficiente empeño para que así sea. 

Reconozco que me ha reconfortado leer en su columna habitual de "El Confidencial" párrafos como éste: “Yo pido perdón en primer lugar a las víctimas del 11-M, a las que no pueden escucharme ni leerme porque ya no están entre nosotros, porque sacrificaron su vida en un acto cruel y bárbaro y lo hicieron sin querer hacerlo en defensa de nuestro modo de vida, de nuestro sistema de convivencia brutalmente atacado por un grupo terrorista de origen islamista que golpeó en España como antes lo había hecho en Estados Unidos. Y les pido perdón porque si esa fue la naturaleza de su sacrificio, el hecho de haber puesto en duda el origen y el sentido de esos atentados, inevitablemente invalidaba el alcance heroico de su entrega y las convertía en un mero instrumento al servicio de una mentira cuya vileza todavía alcanza nuestros días” 

Quevedo pide disculpas también a las víctimas vivas, a los familiares de las que fallecieron, a las fuerzas de seguridad, a los jueces y fiscales… y a “quienes se sintieron perseguidos un día tras otro por acusaciones terribles de manipulación y destrucción de pruebas” Reconoce haber aireado ”una gran mentira que nunca tuvo ni pies ni cabeza por muchas kangoos y muchos skodas y muchas mochilas que podamos esgrimir como argumento” y remata reconociendo que “lo único que se pretendía era buscar los pasos de una trama que solo existió en la mente perversa de unos cuantos desalmados”

Imagino que entre aquellos a quienes pide disculpas Federico Quevedo habrá quien se las acepte y quien no. Las víctimas, sus familiares, los jueces, fiscales, abogados y demás destinatarios de sus diatribas son muy dueños de gestionar esto como mejor entiendan. Pero hay un ángulo, desde el punto de vista del oficio periodístico, sobre el que a mí me interesaría detenerme unos instantes: 

¿Puede un profesional de la información divulgar durante un largo período de tiempo noticias y opiniones como él lo hizo y, pasado el tiempo, intentar zanjar su fechoría rasgándose las vestiduras públicamente y a otra cosa mariposa? ¿En base a qué material, a qué documentación, a qué datos sostuvo Quevedo unas tesis que más tarde reconocería que no tenían ni la solidez ni la solvencia necesarias y que en su columna de este miércoles las califica de “burda concatenación de hechos irrelevantes elevados a la categoría de pruebas irrefutables”

Como periodista yo lo siento mucho, pero a mí no me vale que alguien que actúa así aspire a que los profesionales de la información pasemos página y… miel sobre hojuelas. Desde un punto de vista moral, político, civil y hasta militar lo que él quiera: disculpas aceptadas. Pero desde un punto de vista periodístico esto no se puede “finiquitar” así, sobre todo cuando hay comunicadores que siguen aún con el raca-raca, en la misma línea, destrozando con su chulería y su petulancia el poco crédito que nos va quedando a los periodistas. Mucho me temo que para que los lectores, los radioyentes, los televidentes vuelvan a confiar en las cosas que les contamos hace falta mucho más que la autoflagelación pública de alguien que reconoce haber contribuido a “construir una de las mayores estafas de nuestro tiempo”. 

No pongo en duda la valentía que hace falta para dar el paso que en su día dio Quevedo y que tanta repercusión ha tenido en este décimo aniversario del 11M. Pero de momento, que yo sepa, no le sigue nadie más. No estaría nada mal que sus “colegas” de aquella pertinaz conspiranoia levantaran el pedal de una maldita vez y dejaran de dar la barrila con lo de las montañas lejanas, la autoría intelectual desconocida, los “oscuros objetivos de poder” y demás zarandajas. 

Este 11M supuso un cierto alivio porque, por un lado, escuchamos a un ministro del Interior del pp afirmar que Eta no fue la causante de los atentados y que es “evidente” que la masacre fue ejecutada por terroristas yihadistas. Y por otro lado, volvimos a ver juntas a todas la víctimas después de siete largos años de desencuentros. Tras la inmolación pública de Quevedo solo falta que continúe el desfile: Acebes, Zaplana, Aznar, Rouco, Pedrojota… A ver cuándo se animan y son capaces de reconocer, como hace él, que participaron “en una instrumentalización de las víctimas que no buscaba la verdad”.

J.T.

miércoles, 12 de marzo de 2014

10 admoniciones a Rouco Varela en su despedida

Rouco Varela y Ricardo Blázquez se saludan en el día del relevo

Señor Rouco Varela: 

En este tan ansiado y gozoso día de su jubilación me va usted a permitir que, a modo de despedida, le dedique las siguientes diez admoniciones: 

1. La iglesia no debe patrocinar ninguna forma ni ideología política, y si alguien utiliza su nombre para cubrir sus banderías, está usurpándolo manifiestamente. 

2. No pertenece a la misión de la iglesia presentar opciones o soluciones concretas de gobierno en los campos temporales de las ciencias sociales, económicas o políticas. 

3. La fe cristiana no es una ideología política ni puede ser identificada con ninguna de ellas. 

4. La iglesia nunca debe determinar qué autoridades han de gobernarnos. 

5. Hay que exigir a todos los gobernantes que trabajen al servicio de la comunidad entera, que protejan y promuevan el ejercicio de la adecuada libertad de todos y la necesaria participación común en los problemas comunes y en las decisiones de gobierno. 

6. Los gobernantes han de tener la justicia como meta y como norma, y caminar decididamente hacia una equitativa distribución de los bienes de la tierra. Todo esto los creyentes católicos han de predicarlo, y gritarlo si es necesario, si quieren ser fieles a los evangelios. 

7. La iglesia tiene una enorme responsabilidad a la hora de proyectar su influencia sobre la sociedad, especialmente cuando se trata de promover los derechos humanos, fortalecer las libertades justas o ayudar a promover las causas de la paz y de la justicia. 

8. Ya desde el Concilio Vaticano II quedó claro que la actuación de los miembros de la iglesia católica debía extenderse a quienes piensan de manera distinta, pues -se decía textualmente- “nos urge la obligación de hacernos prójimos de todo hombre”. 

9. La Iglesia, como institución, no debe pedir, ni reclamar, ningún tipo de privilegio. 

10. Sería bueno que en España reinara algún día la verdad, que la mentira no invadiera nunca nuestras instituciones, que la adulación no entrara en nuestras casas y que la hipocresía no manchara las relaciones entre los seres humanos. 

Estoy seguro que por mucho que usted, señor Rouco, no coincida con estos planteamientos, todo lo que aquí aparece le suena y mucho ¿verdad? 

Claro que sí, porque las diez frases que me he permitido dedicarle están extraídas, prácticamente de manera literal, de la homilía que su ilustre antecesor Vicente Enrique Tarancón pronunció el 27 de noviembre de 1975 -¡hace casi cuarenta años!- en la ceremonia de coronación de Juan Carlos I 

Por si acaso se le traspapeló aquel texto, aquí tiene el enlace en el que puede encontrarlo en internet. Menudo prontuario de todo lo que usted no ha practicado durante su abominable mandato ¿verdad? Si, ya sé, a buenas horas. 

De todos modos, ingenuo que es uno, aquí lo dejo por si hay suerte, su sucesor se equivoca y decide desempolvar aquel histórico discurso y recuperar aquella añorada línea de tolerancia, respeto y convivencia que preconizaba. Aunque, visto lo visto, no creo que caiga la breva. 

Adiós, monseñor y, como dicen en mi pueblo, tanta paz lleve como descanso deja. 

J.T.

viernes, 7 de marzo de 2014

Rajoy sabe ya que no volverá a ganar


Saben que van a perder y por eso actúan como los ejércitos derrotados cuando abandonan sus posiciones: destruyendo todo lo que dejan atrás. Quemando lo que encuentran a su paso durante la huida para que el enemigo se vea obligado a reconstruir el desastre partiendo de cero.

Rajoy nunca fue un ganador. Así que, como todo perdedor, cuando la diosa fortuna lo visitó en forma de victoria electoral no acabó de creérselo. Por eso va a destajo robándonos derechos y esperanzas mientras mantiene la sartén por el mango, porque es consciente de lo efímero del episodio que protagoniza y cuenta con poco tiempo para complacer a quienes para él son sus verdaderos amos. ¿Los ciudadanos? Que les den.

Le queda muy poca mili. Le quedan pocos meses, pero suficientes para acabar dejando esto como un verdadero erial. Él y sus secuaces han echado cuentas y, claro, les han entrado las prisas: si le quitas dos veranos, dos semanas santas y una navidad, queda poco más de un año para salir de Moncloa cagando leches. Porque saben que no repiten. Los demoscópicos peperos lo cocinan bien endulzado para no ser víctimas de la ira del estrábico César, pero ni por esas: los pronósticos son que les quedan tres telediarios y medio porque ni toda la manipulación que perpetran, a través de los muchos medios que ya controlan, ha surtido el efecto deseado.

Jenaro Castro, el "asesino" de Informe Semanal, va por los pasillos de Torrespaña diciendo que Echenique tiene que marcharse ya. Se pelean entre ellos porque intuyen que hay que empezar a repartirse despojos: en Génova, en Moncloa, en el grupo parlamentario, en rtve... De ahí la premura por manipular más descaradamente, por desmantelar lo poco que todavía queda en pie... De ahí el apremio por acelerar la reforma que limite la justicia universal, por destruir cuanto antes la todavía vigente ley del aborto, por liquidar iniciativas solidarias como el "crowdfunding" (mecenazgo por internet) o acabar con la tranquilidad ciudadana promoviendo una ley que solo les proporciona "Seguridad" a ellos...

Por mucho arte que le pongan a eso de "vender en positivo" tanto desastre, nadie traga ya y ellos lo saben. Mienten tanto y tan descaradamente que las encuestas no pueden minimizar el mosqueo que tiene el personal. Pero esperan que los resultados de las europeas y las municipales no les sean tan desfavorables como se temen porque, de lo contrario, se les acabaría el rollo y la legislatura antes de haber conseguido destrozar todo lo que tienen previsto. Han de cargárselo todo para que, cuando se vean obligados a salir pitando, sus verdaderos amos les recompensen con cargos y canonjías bien remuneradas en aquellas empresas a las que favorecieron a costa de destrozar los derechos de la mayoría. ¿El que venga detrás? Que arree. A ver si los sucesores tienen huevos de recomponer la cosa con la celeridad y la solvencia con que ellos se la están cargando.

Son unos malvados "bienmandaos". Dóciles con los poderosos y crueles con aquellos cuyos intereses tendrían que haber defendido, como todo gobierno que fuera de ley. Pero nunca se les pasó por la cabeza pensar en quienes les dieron los votos. Se pliegan a la troika, los bancos, la Merkel y la iglesia. Y a fe que están haciendo los deberes. Salvo que los de upeydé decidan mantenerlos, quienes sustituyan a este gobierno se van a encontrar con mucho trabajo pendiente. Con un marrón descomunal, porque... ¿cuánto costará arreglar tanto desaguisado como van a dejar?

Cual Sísifos eternos, tras plantar cara a las amenazas de la troika, la banca y los especuladores de toda calaña y condición, habrá que volver a cargar con la roca y emprender la ruta montaña arriba. Reiniciaremos el viaje a Ítaca e intentaremos llenar el camino, como recomienda Kavafis, de "aventuras, experiencias y puertos nunca vistos". Así ha de ser por muy quemado que dejen el paisaje estos entusiastas de la caspa, la vuelta atrás, el blanco y negro y el olor a naftalina.

J.T.