miércoles, 20 de enero de 2016

Cuando los periodistas se quedan sin fuentes


A los escaños del hemiciclo ha llegado la gente de la calle. A la sala de prensa del Congreso, no. Los políticos van asumiendo que tienen que entenderse todos con todos. Los periodistas continúan moviéndose en las mismas claves de siempre. Los políticos de antes van asimilando que no les vale con aplicar las plantillas de funcionamiento de los últimos cuarenta años. La prensa, en cambio, continúa con el mismo chip. No hay nada más aburrido que los titulares de los periódicos de los últimos días. Nada más añejo que esos análisis de los agudos comentaristas de siempre sobre el comportamiento de los políticos novatos.

Los mejores aliados de los políticos que no quieren que nada cambie son los periodistas. Se pasean por el hemiciclo y la cafetería del congreso, dan un par de vueltas y acto seguido se marchan a las radios y a las teles a despotricar en las tertulias: huelen mal, dicen, no proponen nada, se pelean por los sillones como toda la vida. Eso los tertulianos, porque luego están los plumillas que van de sobraos, esos que tantas páginas y páginas de periódico rellenaron en su vida conspirando y escribiendo en los bares de alrededor del Congreso.

Periodismo de convocatoria, periodismo de correveidile, ruedas de prensa sin preguntas, filtraciones interesadas, canutazos multitudinarios, periodismo de carril en definitiva que, en un gran porcentaje, es pilotado a distancia por redactores jefes que ya tienen pensado el titular, el enfoque y los ladillos mucho antes de recibir la crónica o la pieza para el informativo. Luego el director rematará la faena apostando en primera página por titulares tendenciosos y manipuladores, en los quioscos nos venderán cosas que maldito el interés que la gente tiene en conocer, pero con las que la propiedad quedará contenta porque, entre otras cosas, los dueños son los bancos y esas grandes empresas que no están dispuestas a que se les acabe el chollo. Lo de menos es vender periódicos.

Los medios no piensan en la gente cuando informan: piensan en los intereses de la propiedad. Conclusión: en fechas como éstas, cuando hay tantas cosas interesantes que saber, no nos enteramos de nada. Hacen el más espantoso de los ridículos durante semanas especulando y jugando a futurólogos, y luego pasa como en Catalunya: después de tres meses de historias para no dormir, el enjuague definitivo se hace en las últimas cuarenta y ocho horas, en sábado al mediodía y convocando un pleno a todo correr para el domingo por la tarde. Deprisa, deprisa, que nos pilla el toro. Después de tres meses largos de mamoneo.

- No sé la fecha. Lo que quiero es que haya pronto gobierno- decía este miércoles Patxi López al preguntarle cuándo cree que le propondrá el rey un candidato y cuándo piensa que podrá celebrarse el primer pleno de investidura. Ansiedad, impaciencia, incertidumbre, presiones, amenazas, todo se alarga mientras los periódicos ven pasar los días sin nada sabroso que vender. Así que a especular, a hacer encuestas, a jugar a las predicciones, a efectuar todo tipo de cábalas y de gráficos... Todo rancio, todo antiguo, todo innecesariamente cansino . Porque aún está vigente una ley que obliga a "evacuar" consultas con un jefe de Estado cuyas atribuciones sostiene una Constitución que lleva años pidiendo el cambio a gritos. Y claro, todos (o casi todos) acaban yendo a rendir pleitesía, faltaría más.

Los periodistas de siempre se han quedado sin muchas de sus fuentes. Sería bueno que, en esta nueva etapa, aprovecháramos para cambiar también la manera en que se relacionan los políticos y los periodistas: menos compadreo, menos filtraciones interesadas, menos intoxicaciones...y más información de la de verdad. Sobre las cosas que realmente interesan a los lectores que, mire usted por dónde, en principio son las mismas que los nuevos políticos dicen haber venido a resolver. Pues a ver.

Los diputados de antes trabajaban poco. y los periodistas que cubrían sus andanzas funcionaban en clave de sota, caballo y rey, nunca mejor dicho. Ellos y sus redactores jefes, y sus directores, y los propietarios de los medios para los que trabajan. Esto se tiene que acabar. La política tiene que cambiar, pero la información política también. Otra manera de hacer periodismo es posible. E imprescindible.

J.T.

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