viernes, 15 de diciembre de 2017

Mis amigos catalanes


Me cuesta mucho reconocer en mis amigos catalanes favorables al soberanismo a aquellas personas con las que fui feliz durante tantos años cuando podíamos hablar y discutir de cualquier cosa sin que ninguna discrepancia pusiera jamás en peligro nuestros afectos.

De un tiempo a esta parte mis conversaciones con ellos, aunque continuemos disfrutando de sofisticados gintonics cuando nos vemos, o de rebuscados platos regados con prestigioso vino catalán, por supuesto, ya no son lo que eran. Si escogemos hablar de literatura, música, fútbol o política internacional, todo va bien por mucho que nuestros puntos de vista no coincidan en absoluto pero ay, amigo, cómo cambia la cosa cuando llegamos a la cosa, la gran cosa, esa única cosa que parece existir en el mundo desde hace ya tantos meses, ¿o son años? Cuando la conversación desemboca en el dichoso asunto, la tal cosa nos engulle sin miramientos y la atmósfera empieza a enrarecerse hasta que el aire se hace irrespirable porque todo se transmuta, todo se agría, todo se jode sin remedio.

Ahora me critican mis artículos, me llaman equidistante, me instan a tomar partido entre los buenos y los malos y a mí me cuesta reconocerlos en tal deriva. Hay que elegir, Juan, o ellos o nosotros, llegó a decirme mi amigo M. el otro día. Y yo, claro, me asusto, porque esto hace tiempo que dejó de ser una broma, aunque fuera de Catalunya muchos hasta ahora no se hayan acabado de caer del guindo, y me asusto sobre todo cuando verifico que quienes han llegado a tal punto son amigos míos queridos, no gente ajena ni lejana.

Me asustan ellos y me asustan también aquellos otros colegas y familiares catalanes que se sitúan al otro lado del tablero. La lluvia de mensajes de guasap que recibo estos días, tanto de unos como de otros transpiran frentismo, agresividad, rencor. Histeria. Se acusan entre ellos de las mayores atrocidades, y se insultan y amenazan como nunca imaginé que lo harían gentes que conforman un pueblo cuya manera de entender la vida me fascinó hace ya muchos años hasta el punto de llegar a enamorarme, pero que a día de hoy me mantiene confuso y desconcertado.

Ahora solo quiero ganar, Juan, lo demás no importa, me decía el otro día mi amigo O. de Girona, incondicional del procés desde hace cuatro años y activista entregado a la causa desde entonces en cuerpo y alma. Tenemos que derrotar a los golpistas como sea, me comentaba al día siguiente J.M., de Cornellà. ¿Que hay que apoyar a Arrimadas? Pues se le apoya, remataba este miembro del psc de toda la vida.

Y cuando les preguntas qué van hacer con la victoria, cómo van a gestionar los resultados, ahí empiezan ya a estrellarse los talentos tanto en un lado como en otro. Están partidos por la mitad y se niegan a pensar, o a decir lo que tienen pensado, para más allá del día veintiuno, fecha de la convocatoria electoral autonómica. A muchos todo esto les parece una ópera bufa, pero a mí empieza a parecerme una tragedia que no me pienso tomar a la ligera.

Las muchas barbaridades aparecidas en twitter en estas últimas semanas son un pésimo síntoma, un aviso de que cualquier chispa podría acabar provocando un incendio de complicado control. Ya sé que suena alarmista y lo lamento, pero la historia está llena de ejemplos sobre la delgada línea que a veces separa a quienes muy bien pueden estar un día en el bar contándose chistes entre caña y caña, y a la jornada siguiente matándose entre ellos sin compasión alguna. “La Vaquilla”, de Berlanga y las parodias de Gila: oiga, ¿es el enemigo, podríais retrasar la guerra unos días, que tenemos que votar? ¡Ah! ¿que vosotros también votáis? ¿y eso por qué?

J.T.

lunes, 23 de octubre de 2017

Plantar cara al PP

Seduce el punto rebelde de la asonada catalana, esa determinación para hacer partícipe de sus convicciones al mundo entero, esa habilidad para colocar sus mensajes, unos con más verdades que otros, esa probada eficacia a la hora de organizar movilizaciones. Pero no consiguen, y bien que lo intentan, hacer olvidar que Puigdemont y compañía son los herederos del partido del tres por ciento con un patriarca jefe, ahora desparecido en combate, cabecilla de una trama corrupta familiar cuyo hijo mayor lleva ya un tiempo durmiendo en la cárcel. La derecha corrupta catalana ha desafiado a la derecha corrupta del resto de España, robándole de paso la cartera a una izquierda nacida tras el 15M que se dispersa en sus propias peleas, y otra antigua izquierda, la socialista, que sobrevive desde hace tiempo a base de manotazos desesperados para no acabar ahogándose del todo.
La derecha corrupta catalana le ha plantado cara al PP y con ello ha conseguido algo que era obligación de la izquierda española haber demostrado. Ha puesto en evidencia la verdadera cara de Rajoy, su partido y su gobierno. Ha logrado que por fin actúen como corresponde al ADN del espíritu fundacional del Partido Popular. Los seis años de gobierno PP cierran ahora un ciclo de atropello a las libertades y a infinidad de derechos sociales y laborales para entrar, a partir de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, en una dura etapa de tintes totalitarios, ya sin disimulo alguno, en la que comienzan con Catalunya, pero que podría continuar en otras Comunidades.
Pero ni el carácter tiránico que tiene la manera elegida por el PP para aplicar el 155 permite olvidar el escandaloso desarrollo de los plenos del Parlament los días 6 y 7 de septiembre. Dos derechas corruptas se encuentran enfrentadas a cara de perro y una de ellas está arropada por la monarquía. Moncloa y Zarzuela se han embarcado en una apuesta de incierto desenlace. Podíamos haberle presentado a Europa la imagen de un país dialogante que sabe resolver civilizadamente sus discrepancias y sin embargo estamos ofreciendo la versión triste de una comunidad de vecinos cutre que Es capaz de liarse a palos por el importe de la derrama. Olvidan Rajoy y el rey que a Bruselas le da igual que seamos una monarquía o una república: lo que quieren es que no les toquemos las narices con una pelea que amenace la estabilidad del proyecto europeo.
La izquierda ha perdido la oportunidad de plantarle cara al corrupto y nacionalista PP y, mire usted por dónde, quienes se encaran a Rajoy son otros nacionalistas corruptos. Y Albert Rivera, frotándose las manos.

jueves, 5 de octubre de 2017

La semana del mal rollo

La causa del sudor con el que me desperté el pasado lunes 2 de octubre no fue precisamente esa temperatura veraniega que cada año parece más empeñada en robarle al otoño días y protagonismo. Aquel sudor amanecía acompañado por severas cosquillas en el estómago y por un ingenuo anhelo: que gran parte de los episodios ocurridos en Catalunya el día anterior, cuya retransmisión, inquieto y preocupado, había seguido durante horas por la tele, no hubieran ocurrido en realidad. Volví a amanecer sudando el martes, el miércoles, el jueves... Quizás debido a mi mala memoria, no recuerdo en mis seis largas décadas de vida tantos días de mal rollo continuado. Mal rollo, peores augurios y perspectivas poco alentadoras a medio plazo.

Me cuenta mi hija las encendidas discusiones que mantiene últimamente con amigos y conocidos en sus chats de guasap. Chats en los que hasta hace pocos días se dedicaban a mandarse fotos, intercambiar canciones y complicidades, organizar quedadas o reírse con ganas y punto. Pero esta semana parece que han mandado a paseo las buenas vibraciones, y el mal rollo se ha instalado de golpe en sus vidas de veinteañeros. ¿Lo de Catalunya va en serio, papá? -me pregunta. Y, de pronto, descubro que a su lado soy sin duda un privilegiado, porque he vivido cuarenta años más que ella sin incertidumbres como ésta. Y me avergüenzo por la cuota de responsabilidad que me toca al no haber luchado lo suficiente para conseguir evitar una sensación de desamparo e incertidumbre que yo hasta ahora nunca tuve en mi vida, ni siquiera en los tiempos de las protestas universitarias de los setenta, ni tras la muerte de Franco, ni con el intento de golpe de febrero de 1981.

Y a estas alturas, tres décadas después de convertirnos en europeos de pleno derecho, cuando pertenecer a las más codiciadas instituciones occidentales parecía que nos blindaba de sobresaltos y aportaba un cierto plus de calma chicha a nuestra rutina diaria, el invento salta por los aires y nos da por pelearnos entre nosotros a cara de perro sin que nadie se atreva a aventurar cómo demonios acabará todo esto: porrazos de la policía y la guardia civil a ciudadanos que querían votar, resistencia ciudadana plantando cara a las agresiones, una capacidad de organización que consiguió abrir centenares de colegios y hacer llegar hasta ellos miles de urnas que ninguna intervención policial pudo detectar previamente, Ciudadanos exigiendo leña al mono y más mano dura, Podemos intentando mediar entre los dos matones de patio de colegio cuando estos ya se miran enrabietados, con las mangas de la camisa subidas y los puños en posición de combate, los socialistas haciendo corro sin atreverse a tomar partido, los jueces dictando autos y las televisiones públicas, tanto TV3 con TVE, echándole al fuego más gasolina cada día que pasa.

Un mal rollo terrible ahora ya en toda España, que viene a rematar años de discusiones en Catalunya entre familiares y amigos de toda la vida, y al que Felipe de Borbón y Puigdemont, mientras Rajoy se fuma un puro tras otro, han puesto la guinda con los discursos institucionales más inquietantes que recuerdo. Insensatos sin escrúpulos, como diría aquel periódico de entonces, que hace tanto tiempo ya que no es el mismo.

J.T.

jueves, 6 de julio de 2017

La fuerza del periodismo

"Tiene más fuerza Al Jazeera que toda la riqueza de los saudíes". Esta afirmación de Lluís Foix (La Vanguardia, 5-7-17, pág. 23) explica en pocas palabras la razón última del bloqueo al que está siendo sometido el emirato de Qatar por Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Bahréin. Solo como coartada les importa a estos países el apoyo qatarí al terrorismo cuando acusan oficialmente a su vecino país de participar en diversos actos de desestabilización junto a Irán.

Al cerrar el espacio aéreo y marítimo, y también una frontera por la que transitan el noventa por ciento de productos básicos para Qatar, lo que en realidad buscan es cargarse Al Jazeera, una cadena de televisión cuyos estudios centrales están en Doha, capital de ese país, y que es sintonizada a diario por millones de musulmanes en todo el mundo. Una cadena con sus más y sus menos, como todas, pero que ofrece informaciones impensables en aquellos países árabes donde no se tolera que la manera de contar las cosas en los noticiarios televisivos se aparte de las versiones oficiales.


Al Jazeera pone de los nervios a muchos jeques árabes, y la CNN saca de sus casillas a Donald Trump, algo que, dicho sea de paso, no parece demasiado difícil. Dos cadenas todo-noticias, rivales globales con la misma filosofía, se encuentran curiosamente denostadas, coincidiendo en el tiempo, por los poderosos a quienes molesta el enfoque de las informaciones que transmiten. El patético e inquietante montaje del video en el que el presidente de los Estados Unidos propina una paliza a alguien cuya cabeza es el logo de la CNN es sobradamente elocuente y alarmante.

Tanto en el caso de la Al Jazeera qatarí como en el de la CNN estadounidense se pone de manifiesto hasta qué punto es necesario en estos momentos, y antes que sea demasiado tarde, defender sin titubeos la necesaria existencia de medios de comunicación en libertad. Hay quien usa el periodismo de manera torticera, manipuladora y tendenciosa, claro que sí, pero esa perversa utilización de los medios que hacen algunos jamás puede servir de coartada a quienes pretenden acabar con la libertad de información. Hoy más que nunca hay que reivindicar la innegociable necesidad de una prensa que vigile e inquiete a los poderosos que sueñan con la impunidad.

Aquí, en nuestro país, tenemos variados y elocuentes ejemplos de la obstinada vocación intervencionista de los partidos políticos en los medios, sobre todo en los de titularidad pública. Tanto el PP como el PSOE, como también el PNV o CiU, o Junts pel Sí, han utilizado y utilizan las televisiones públicas en clave propagandística, sin vergüenza alguna, cuando gobiernan. Y si lo hacen en minoría, ceden algunas migajas a los partidos que los apoyan y santas pascuas.

En cuanto a los medios privados, ¿qué podemos decir? Todos ellos se encuentran en manos de grupos empresariales que a su vez dependen de los grandes bancos, o de los fondos de inversión internacionales, o de la habilidad de sus dueños para bailarle el agua al gobierno de turno... Por su parte, partidos emergentes como Podemos han abogado en distintas ocasiones por una regularización de los medios. Ninguno de esos caminos acaba nunca en buen puerto.

Me parece que el trabajo de la CNN es un ejemplo a seguir. Culpable de muchos de los insomnios tuiteros de Trump, desoye las amenazas de que es objeto, como hacen también el New York Times o el Washington Post, medios que tampoco se dejan intimidar a pesar de las continuas ofensas y provocaciones que reciben, y responden redoblando esfuerzos para publicar cada vez mejores reportajes de investigación y de denuncia en una insólita batalla con la Casa Blanca hasta ahora difícilmente imaginable.

Si Al Jazeera vale más que toda la riqueza de los saudíes, las televisiones, radios y periódicos del mundo occidental son a su vez más valiosos que el poder de quienes atacan el derecho a la libre información. Por mucho que estos se empeñen en colonizar los consejos de administración de los medios. Porque por muchos riesgos e inconvenientes que, como todas las libertades, pueda tener la libertad de expresión, como diría Tácito, ésta "siempre será preferible a la tranquila placidez del despotismo".

Donald Trump pasará, pero lo que significa la existencia del New York Times, el Washington Post o la CNN, no. "La fuerza de la opinión pública es irresistible cuando se expresa libremente", dejó dicho ya, a comienzos del siglo XIX, Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos de América.

J.T.

domingo, 16 de abril de 2017

Los ministros en la Semana Santa más militar


Una docena de legionarios acudieron al hospital materno infantil de Málaga el pasado día diez de abril, lunes santo. Traían regalos a los pequeños enfermos y una sorpresa final: en la ludoteca del centro interpretaron para ellos la canción más conocida de esta fuerza militar creada por José Millán-Astray y en la que, entre otros, figuran estos versos:

Soy un hombre a quien la suerte/ hirió con zarpa de fiera,/ soy un novio de la muerte/ que va a unirse en lazo fuerte/ con tal leal compañera

Estos novios de la muerte no fueron al hospital infantil solos. Les acompañan representantes de una de las cofradías más famosas de Málaga, la del Cristo de Mena, también llamado de la Buena Muerte, una hermandad que desde hace décadas, justo merced a la legión, acapara los jueves santos en la ciudad gran parte del protagonismo.

Así volvió a ocurrir este jueves santo día trece. Por la mañana, fueron los legionarios los encargados de trasladar la imagen desde su templo hasta el trono, tras ofrecer en el puerto una ceremonia de desembarco sobrecargada de efectismo y recorrer a paso ligero buena parte de las calles malagueñas. Y por la tarde, durante la procesión oficial, interpretaron sin descanso a lo largo de todo el recorrido la misma canción que le dedicaron a los niños del materno infantil el lunes diez de abril.

Estaban contentos esta Semana Santa en la cofradía de Mena, pues días antes supieron que el ministro del Interior había decidido otorgar a su hermano mayor la Cruz al Mérito Policial con Distintivo Blanco. Juan Ignacio Zoido no parece dispuesto a ser menos que su antecesor, quien durante su mandato condecoró a la virgen del Pilar de Zaragoza y a la del Amor de Málaga. No fue el primero Jorge Fernández Díaz, porque los socialistas José Antonio Alonso y Alfredo Pérez Rubalcaba también condecoraron, cuando estaban al frente del ministerio del Interior, a varias cofradías.

El miércoles doce, la ministra de Defensa, Dolores de Cospedal ejerció, también en Málaga, de mayordomo en uno de los tronos de las Cofradías Fusionadas, donde desfilan militares de la Brigada Paracaidista. La acompañaba Rafael Catalá, ministro de Justicia, para quien “rechazar la presencia de militares en actos o sociales es ir contra el sentir popular”. La Guardia Civil tampoco falta en esta amplia y generosa presencia de lo militar en la Semana Santa malagueña. El benemérito cuerpo escolta los miércoles a la hermandad de la Expiración, y allí estuvieron también Cospedal y Catalá, como en tiempos de Franco hacía cada año su ministro de la Gobernación, Camilo Alonso Vega, que acabaria siendo nombrado hermano mayor honorario perpetuo de la cofradía.

Cospedal aún no ostenta tal honor, pero parece decidida a hacer méritos. Desde las dos de la tarde del
jueves hasta la medianoche de este domingo la bandera española ondeó a media asta “por la muerte de Cristo” en todas las unidades, bases, centros y acuartelamientos del país mientras miles de militares de los tres ejércitos, según el Observatorio del Laicismo, participaban en más de un centenar de procesiones en poblaciones de toda España, como en la del Santo Entierro el sábado en Sevilla, que Cospedal y Zoido presidieron juntos en los palcos de la plaza de San Francisco.

La bandera a media asta en los centros militares es “una tradición” que el PP mantiene desde que Mariano Rajoy es presidente, aunque hasta ahora no se había llevado a cabo en la sede de Defensa. La decisión aprovecha un hueco en el reglamento de honores militares vigente desde los tiempos de Carme Chacón al frente del ministerio, cuando se limitaron las muestras de duelo con la bandera a media asta al fallecimiento de un militar en acto de servicio, del titular de la Corona, de su consorte o su heredero, o -añadía- “cuando el Ejecutivo decida la medida”. Esta puerta abierta es la que ha
aprovechado el “tea party” del PP.

J.T.

jueves, 6 de abril de 2017

El “know how” del PSOE andaluz


Hay una manera de hacer política en Andalucía que, de acabar siendo importada al resto de España con la victoria de Susana Díaz en la pugna por la Secretaría General del PSOE, nos introduciría en parecida dinámica a la aquí existente desde que se celebraron en 1977 las primeras elecciones democráticas. Una manera de pensar del aparato socialista andaluz cuyo resumen podría ser el siguiente:

1. El PP es partido de los señoritos, que son pocos, no le hacen asquitos a la corrupción y heredaron de UCD aquel “Andaluz, este no es tu referéndum” que aún les pasa factura treinta y siete años después. Los de centro derecha decentes, en Andalucía y en toda España, somos nosotros.

2. A nuestra izquierda, nadie tiene nada que hacer. Nuestro elector medio no traga a los ricos, pero tampoco quiere disgustos con los ahorrillos ni con el piso de la playa y sabe que nosotros le proporcionamos tranquilidad. El porcentaje de votos de Podemos en todo el país debe llegar como mucho entre el quince y el veinte por ciento, que es lo máximo que los partidos a la izquierda del PSOE han conseguido siempre en Andalucía.

3. Los nacionalismos en nuestros dominios no ofrecen nada mejor que lo que proporcionamos los socialistas. Juegan a progresistas pero son de derechas, como todo nacionalismo. Por poco progresistas que seamos nosotros, siempre lo seremos más que ellos. Por eso hemos conseguido que se queden prácticamente sin votantes.

4. Cuando otros partidos deciden aliarse contra nosotros, lo que consiguen es que salgamos reforzados, como ocurrió entre 1994 y 1996 cuando Partido Popular e Izquierda Unida practicaron aquella célebre “pinza” para intentar desgastarnos porque gobernábamos en minoría.

5. Cuando otro partido gobierna en coalición con nosotros, acabamos desactivándolos. Tanto Partido Andalucista como Izquierda Unida perdieron apoyo en las elecciones posteriores a aquellas legislaturas en que gobernaron en coalición con nosotros.

6. Hay agricultores de Jaén, Córdoba o Sevilla, pequeños empresarios y gentes de clase media en toda Andalucía que son de derechas, pero que votan socialista en las autonómicas porque saben que salen ganando. Solo hay que convencerlos de que votar socialista en las generales también será bueno para ellos.

Si a estas seis reflexiones le sumamos la destreza del aparato para los cálculos matemáticos, las purgas y los premios a la fidelidad, artes que llevan perfeccionando cuarenta años, nos encontramos con una máquina perfectamente engrasada y dispuesta para ser importada de la calle San Vicente en Sevilla, sede del Partido Socialista Andaluz, a la calle Ferraz de Madrid.

Todo esto es lo que piensan también en el club de los dinosaurios, al que últimamente alguien ha venido en llamar “socialismo tradicional”, aquellos que el 26 de marzo, fueron a Fibes a hacerse la foto y a cerrar incondicionales filas con la gran esperanza blanca de Triana. El know how andaluz exportado a toda España. Algo tendrá el agua cuando la bendicen, piensan, y si en Andalucía llevan gobernando cuarenta años seguidos por algo será. Si los trabajadores de su manipulada televisión arman menos ruido que otras, por algo será. Si a pesar de los pésimos índices de bienestar en la Comunidad, a Susana se la comen a besos en las plazas de los pueblos que visita, por algo será.

Todo eso es lo que hay detrás de las desahogadas expresiones del responsable en Málaga del aparato del PSOE en la provincia. Lo que dijo es lo que piensan la mayoría de quienes, instalados en las instituciones desde hace decenios, no están dispuestos a que nadie ponga en peligro su, por otra parte, única fuente de ingresos que han tenido en su vida. Como se pregunta Odón Elorza, habría que saber cuántas charlas “formativas” de ese tipo se han dado a las juventudes socialistas para justificar el golpe de octubre demonizando a Pedro Sánchez, al PSC y  a los diputados socialistas que se negaron a abstenerse cuando se le otorgó el gobierno a Mariano Rajoy.


El triunfo del estilo andaluz en las primarias y en el congreso del PSOE tendría, si llega a producirse, carácter de acontecimiento histórico. Si más tarde consiguieran convertirlo en votos en unas elecciones generales, habría que quitarse el sombrero y reconocer que son unos genios.

J.T.

jueves, 30 de marzo de 2017

Los tuits de Cassandra y el muro John Lennon de Praga



En el barrio de Malá Strana de Praga, frente a la embajada de Francia en la República Checa y muy cerca del famoso puente Carlos, que atraviesa el río Moldava, hay una pared que no es una pared cualquiera sino un muro donde, desde el día de diciembre de 1980 en que mataron a John Lennon, nunca falta una pintada dedicada a su memoria. Este miércoles me acerqué a ese lugar y pude comprobar que el carácter simbólico de protesta que ese trozo de pared tiene desde hace más de treinta y seis años, aún continúa vigente.

En ese muro, la mañana siguiente al asesinato del ex Beatle, apareció un retrato del artista y unas pintadas en su honor que los miembros del gobierno checoslovaco de entonces, a quienes Lennon les parecía un pacifista peligroso hasta el extremo de tener prohibidas en el país la reproducción de muchas de sus canciones, consideraron un desafío. La imagen del cantante y las frases escritas en su honor fueron borradas inmediatamente y el muro volvió a lucir su blanco escrupuloso… hasta la mañana siguiente en que volvían a aparecer pintadas flores, canciones de Lennon o mensajes por la paz que la policía hacía desaparecer de nuevo a las pocas horas. El toma y daca duró nueve años, hasta la caída del régimen comunista, y desde entonces el muro es considerado un monumento a la libertad de expresión que permite mantener vivo el recuerdo de aquella rebeldía.

Me conecté al wifi del restaurante John Lennon, situado justo enfrente del muro dedicado a su memoria, y fue entonces cuando me enteré de la sentencia que condena a la joven Cassandra Vera a un año de cárcel y siete de inhabilitación por varias frases humorísticas dedicadas a Carrero Blanco en su cuenta de twitter. Me acordé en ese momento de mi amigo Facu Díaz, que tuvo mejor suerte, pero a quien nadie libró en su día del mal trago de pasar por un juzgado por hacer, según la fiscalía, humor con asuntos políticamente incorrectos. Y me acordé también de la tortura a la que sometieron a Guillermo Zapata durante meses interminables por frases también escritas en twitter, y de los titiriteros…

A dos mil quinientos kilómetros de distancia, hay unos instantes en que tiendes a pensar que noticias como la condena a la joven Cassandra no pueden ser verdad, que alguien tiene el día tonto y está de broma. Pero no, no debo perder la perspectiva. Lo que ha pasado es una cosa muy seria. Es un castigo, un escarmiento, un aviso que no está dirigido solo a la joven condenada, sino que está dotado de una profunda carga simbólica. Una sentencia así ha sido posible merced a una ley pensada por el Partido Popular para cercenar la libertad de expresión, para meter miedo. Como Cassandra solo ha sido condenada a un año de cárcel, no tendrá que ingresar en prisión, pero deberá tener mucho cuidado para no ser reincidente, porque si se le ocurre “molestar” otra vez en las redes y vuelve a ser encausada entonces sí, entonces puede ir a la cárcel si vuelve a ser condenada.

Como si se tratara del túnel del tiempo, me viene al recuerdo la asfixiante atmósfera que se vivía en España el año en que mataron a John Lennon, cuando mis compañeros José Luis Morales, Xavier Vinader y tantos otros eran juzgados por los reportajes que publicaban y hasta a mí me sentaban en el banquillo por ser director de paja de una revista de tías en pelotas. Al menos entonces existía la esperanza de que la Transición acabaría con aquello, que enseguida modificarían las leyes, aunque algún que otro susto nos llevamos antes que las cambiaran. Pero ahora, en 2017, ¿qué leyes van a cambiar, si es precisamente el gobierno que está en el poder quien las ha promulgado?

La condena a Cassandra es un pésimo síntoma, cualquier cosa menos una broma. Que un fotógrafo o un cámara de televisión salgan a trabajar temiendo ser castigados por las imágenes que puedan llegar a tomar, que los dibujantes y los escritores necesiten andarse con cuidado a la hora de publicar sus trabajos, es la peor de las noticias posible para las libertades.

No se puede consentir. No se puede ceder ni un milímetro de ese espacio. Hay que insistir una y mil veces, aunque cada día te intenten borrar lo que escribes, lo que dibujas, las fotos que haces o las imágenes que tomas. Da igual. Como en el barrio Malá Strana de Praga, cada mañana las frases y las ìntadas deben aparecer de nuevo en el muro de John Lennon. Aunque las vuelvan a tapar por las tardes con pintura blanca. Siempre llega el día en el que al poderoso no le queda más remedio que marcharse.

J.T.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Emilio Botín sigue ganando batallas

Tras la designación digital -a dedo- de Susana Díaz, por parte de Pepe Griñán, como presidenta de la Junta de Andalucía, los banqueros y grandes empresarios empezaron a desfilar por San Telmo para rendir pleitesía a la flamante lideresa. A medida que transcurre el tiempo, parece que va quedando mucho más claro que aquello no fue una simple casualidad.
Los poderosos, y la antigua guardia pretoriana del PSOE, habían encontrado a quien andaban buscando. Para que parezca que las cosas cambian, pero todo continúe como está, es bueno buscar entre quienes vienen detrás la persona dispuesta a hacer ese trabajo con eficacia y convicción. Y la encontraron.
Había que hacer encajar los intereses del dinero con los de la derecha en el gobierno, con los de los socialistas que habían gobernado el país y manejado los hilos en el partido, y también con los de quienes, gracias a su trabajo en el PSOE, o al cargo de representación que ostentan en su nombre, tienen desde hace muchos años la supervivencia asegurada.
Nada parecía correr peligro hasta que la aparición de Podemos generó serios temblores de piernas en los cenáculos políticos y económicos. Para colmo de males, Pedro Sánchez les salió rana y hubo que organizar un golpe de estado a cara descubierta. Así, tras ayudar al Partido Popular a recuperar el gobierno y ya sin pudor, cuando el defenestrado opta por plantar cara, se decide organizar una intimidante manifestación de poderío con la que arropar la candidatura de Díaz a la secretaria general socialista, para que a nadie le quepa duda sobre qué camino es el “correcto” cuando llegue el momento de votar en las primarias y en el congreso.
Ellos, quienes apoyan a Susana Díaz son, aseguran, cien por cien PSOE, la esencia, la sustancia, el perejil imprescindible. ¿De qué PSOE? ¿Queda algo de aquel PSOE que ilusionó a diez millones de votantes en 1982? ¿Queda algo de aquel Felipe, de aquel Guerra? ¿Acaso se reconocen cuando escuchan y ven lo que decían y hacían hace cuarenta años? ¿En qué caladeros piensan pescar los reunidos en Fibes el domingo todos los respaldos que necesitan?
¿Qué PSOE es el de esa esa foto de todos juntos arropando a la candidata blanca? ¿A quiénes y a cuántos representan, aparte de a sí mismos? Cuando son necesarias tales exhibiciones de fuerza, se está reconociendo la propia debilidad. Si la intención el domingo 26 de marzo en Madrid fue asustar a los díscolos, malo. Si lo consiguieron, porque no hay reacción más imprevisible que la del asustado. Y si no lo lograron, pues qué quieren que les diga.
¿De verdad,, con aquella puesta en escena, aspiraban a transmitir ilusión? ¿A cuántos? ¿A quiénes? Si era al ABC o La Razón, entonces no tengo nada que decir. Pero para ilusionar al votante de a pie, ¿no tendrían al menos que ayudar a Díaz a enhebrar frases menos trilladas y con más sustancia de las que pronunció? ¿Con mensajes  como “hay que levantar la voz”, “aquí tienen cabida todos”, y “tenemos que liderar un proyecto que se haga cargo de España” esperan llegar muy lejos?
Me pregunto si, tras la solemne entronización del pasado domingo, tanto los venerables dinosaurios como la gran esperanza blanca tienen alguna carta escondida en la manga que el resto de los mortales desconozcamos. Imagino que así será porque, con la mili que reúnen todos juntos, no creo que se arriesguen a dar puntada sin hilo. Pero a simple vista no se intuye, la verdad. Para atraer los votos que necesitan, siempre que el juego sea limpio, sobra parafernalia y faltan argumentos. A menos que, como ha dejado dicho Gabilondo, hayan apostado por el órdago a la grande contemplando incluso la hipótesis del suicidio.
Frenado el efecto Podemos, donde el viejo sistema le llegó a ver las orejas al lobo, ahora buscan recomponerse hasta conseguir rehabilitar el entrañable bipartidismo que tantas alegrías les dio en sus vidas. “No existe una derecha transformadora a la izquierda del PSOE“, proclama la misma persona que entregó en bandeja el gobierno a Rajoy. Extraña manera de reivindicar la izquierda escorando hacia la derecha.
Dos días antes de morirse, el banquero Emilio Botín admitió públicamente lo preocupado que estaba por cómo iban las cosas en Catalunya y por el peso que estaba adquiriendo Podemos en el panorama político nacional. Pero que no se inquiete el viejo banquero allá donde esté, porque Susana Díaz y el gran aparato que la respalda parecen dispuestos a que, incluso después de muerto, Emilio Botín continúe ganando batallas.
J.T.

jueves, 23 de marzo de 2017

Susana, Pedro y La Semana Santa (Artículo en clave sevillana)


Resuenan los penúltimos martillazos en la plaza de San Francisco, cobran forma por fin los palcos que agitan y aceleran, como cada año por estas fechas, la vida de la ciudad. Hemos pagado nuestra papeleta de sitio y ya tenemos el traje preparado, y los guantes, y el calzado, y el capirote nuevo... hemos visto el viacrucis de Montesión, vivido los triduos en San Buenaventura, los quinarios en Santa Cruz y en Los Servitas, hemos desfilado por el besapies de Los Panaderos y el besamanos de El Valle... El palio de la Candelaria ya está listo, como la túnica del nazareno de la O, o Caifás en el misterio de San Gonzalo... o el Cachorro, el crucificado entre los crucificados.

Los deberes están hechos, pero este año hay novedades. En 2017 las hermandades sevillanas tienen dura competencia a la hora de acaparar todo el protagonismo de estas singulares fechas. De San Telmo no sale ninguna cofradía, de momento, pero en la de los Estudiantes, que es la más cercana a la sede de la presidencia de la Junta de Andalucía, andan pelín mosqueados. Cuando el domingo de Ramos, camino de la carrera oficial, llegue a la Universidad la comitiva de la Paz, seguro que respirarán más tranquilos una vez que hayan conseguido rebasar sin problemas el lugar desde donde la temida Susana Díaz irradia todo su poder.

¿Estáis ya en carrera oficial?, le preguntarán por el manos libres a los de La Borriquita Ningún problema en la Magdalena, ¿no?, le comentarán a los cofrades de Jesús Despojado mientras sus costaleros se lucen en magistral chicotá al son de “Caridad del Guadalquivir” interpretada por la Agrupación Virgen de los Reyes. Y resoplarán aliviados.

No tienen nada claro las cofradías que se resigne Susana Díaz, una semana entera, con primarias y congreso en su partido a la vuelta de la esquina, a dejar de acaparar primeras páginas de periódico y aperturas de informativos. Menudo dilema el miércoles santo para Canal Sur. Si ese día, a la misma hora, coinciden el Psoe reunido en San Vicente y los franciscanos del Buen Fin, que tienen el templo en la misma calle, saliendo de procesión, ¿qué darán en directo? Ni en San Telmo ni en San Vicente van a descansar, por muy cofrades que sean, a poco más de un mes de la subida de Susana Díaz a los cielos.

Si yo fuera Pedro Sánchez, me tiraba la semana santa entera en Sevilla. De cofradía en cofradía, contraprogramando. El lunes, en El Beso de Judas; el martes, La Bofetá; el miércoles, La Lanzada... La tarde del jueves santo, desfilando junto a los armaos y luciendo palmito por toda la ciudad, y la Madrugá en la Macarena, con la Sentencia. Echándole un pulso a la Esperanza de Triana y a su vecina la presidenta. ¡A ver quién acaparaba más primeras páginas de periódico! ¿Se imaginan a ese Pedro Sánchez, con su fiel escudero Alfonso de Celis, por las cofradías de barrio, haciéndose fotos a las doce de la mañana en el Tiro de Línea, en el Cerro, en la Sed... y por las tardes sentado en un palco de San Francisco frente a la tribuna oficial, mientras la Amargura o Las Penas le piden la venia al alcalde Juan Espadas con Susana Díaz al lado...

El Congreso del Psoe podría jugarse en la Semana Santa de Sevilla si Sánchez contara con asesores que le ayudaran a jugar esa baza. Y las cofradías, encantadas. Quizás perderían algo de protagonismo, pero al menos se divertirían. Que no todo va a ser estación de penitencia.

J.T.

martes, 21 de marzo de 2017

Pedir amparo a la APM es perder el tiempo

Aplaudo la decisión de la dirección del diario Público. Recurrir a las asociaciones de la prensa para que te amparen no sólo es perder el tiempo, sino correr el riesgo de llevarte un enorme disgusto. El periodismo es un oficio insolidario. Existe, eso sí, y no siempre, una cierta complicidad con el compañero de la mesa de al lado, o con aquellos con quienes coincides a diario en las coberturas callejeras. Pero hasta ahí. Todo lo demás es indefensión.
No defiendo el sectarismo que practican algunos colegios profesionales, y menos la impunidad con la que en ciertos casos llegan a blindar a sus asociados, pero cuando un arquitecto, un abogado o un médico tienen problemas, por lo general cuentan con un sólido colegio profesional detrás que les apoya y defiende. De las Ascociaciones de la Prensa no puede decirse lo mismo. Si el periodismo necesita reinventarse, las asociaciones de periodistas lo precisan mucho más.
Como en tantas otras instituciones del país, en las Asociaciones de la Prensa, la dejadez, las dichosas inercias y la existencia de oscuros intereses con los que no se pudo, o no se quiso, acabar en su momento, mantuvieron para sus directivos durante décadas costumbres y prebendas heredadas del franquismo ¿El precio? La docilidad. Tardaron demasiado tiempo en entender las Asociaciones, algunas todavía no lo han entendido, que su verdadera función, la razón de su existencia, es defender a los profesionales. De lo contrario, más vale que desaparezcan.
La APM continúa sin entenderlo. Nunca se me ocurrió recurrir a ella cuando tuve problemas con la justicia a lo largo de mi vida profesional, y eso que hubo momentos en que llegué a sumar más de cien expedientes judiciales abiertos, principalmente en juzgados de Barcelona, pero también en la Audiencia Nacional. Siempre tuve claro que, a pesar de estar asociado y pagar religiosamente mi cuota trimestral, nunca se preocuparían por mis problemas. Era algo que podía entenderse apenas pisabas sus alcanforadas dependencias.
Continúan siendo acólitos del poder como en tiempos del abuelo de Aznar o de aquel fascista llamado Juan Aparicio (que no se me enfaden las excepciones, pero esas excepciones saben perfectamente que lo son, y desde aquí mi reconocimiento una vez más a su lucha, casi siempre estéril).
Claro que, incluso a la hora de relacionarse con el poder, también parecen usar diferentes varas de medir. Cuando a Manuela Carmena se le ocurrió poner en marcha una web para informar sobre asuntos del ayuntamiento de Madrid, faltó tiempo para que la APM y la Federación de Asciaciones de la Prensa (FAPE) elaborasen un comunicado haciendo pública su más enérgica protesta.
Algún despistado puede argumentar que acaban de amparar a varios profesionales que se quejaban de ser presionados por personas afines a Podemos, pero ese despistado me va a permitir que me desahogue dedicándole una sonora carcajada.
Me cuesta aceptar que al frente de la Asociación de la Prensa de Madrid se encuentre una persona como Victoria Prego, a quien en otro tiempo tanto admiré. Me cuesta entender el papel que desempeñan en la junta directiva respetados amigos y compañeros como Jesús Maraña o Antonio San José. No sé si en sus manos estará hacer algo contra las presiones a las que está siendo sometido el diario Público desde que comenzó a sacar a la luz los trapos sucios de las cloacas del ministerio del Interior. Pero cuando, sin orden judicial, la policía se presentó un día de fiesta en la redacción exigiendo las grabaciones publicadas por Patricia López y Carlos Enrique Bayo, el periódico no obtuvo ningún amparo por parte ni de la APM, ni tampoco de la FAPE.
Por eso entiendo a Ana Pardo de Vera, cuando a las preguntas este martes de Fernando Berlín sobre su intención de pedir amparo a la asociación, tras haber denunciado en el periódico amenazas directas a miembros de su redacción, responde que no. Toda mi solidaridad, directora. Para ti, para Patricia y para Carlos Enrique.

viernes, 17 de marzo de 2017

Los autobuses verticales de Dresde


Nada más llegar a la Neumarket Platz de Dresde, casi tropiezo con tres enormes autobuses colocados en vertical en medio de la explanada. En realidad yo me dirigía a la Frauenkirche, famosa basílica que quedó reducida a escombros en febrero de 1945 y cuya reconstrucción completa no finalizó hasta 2005. Mi intención era subir a la cúpula, previo pago de ocho eurazos y contemplar, desde lo que ha vuelto a ser uno de los puntos más altos de la ciudad, cómo es la Dresde de 2017, cómo se va sacudiendo las heridas del cruel bombardeo al que la sometieron los aliados hace setenta y dos años, casi al final de la  Segunda Guerra Mundial.

Cuando estoy a punto de darme de bruces con los tres autobuses, boca arriba ellos cual caballos encabritados a los que solo les falta relinchar descubro que, con lo que en realidad he tropezado, es con una obra de arte colocada ahí hace poco más de un mes. Una escultura cuyo autor, Manaf Halbouni, ha bautizado con una sola palabra: Monument. El artista, 32 años, padre sirio y madre alemana, cuenta que la inspiración le llegó cuando, en marzo de 2015, vio una foto de Aleppo distribuida por AFP. En una de las calles de esta ciudad siria aparecían tres autobuses, juntos y en vertical, formando una original barricada que protegía eficazmente a la población civil de los francotiradores.

 Halbouni, que vive en Dresde, quedó tan impactado con esta imagen que ideó un proyecto artístico basado en ella y se lo propuso al alcalde de la ciudad. Dirk Hilbert acogió la idea con interés, la apoyó y el pasado 7 de febrero tuvo lugar la inauguración. Se escogió la Neumarket Platz para la instalación temporal de la obra (está previsto que se desmonte el próximo 3 de abril) basándose en algo en lo que parece coincidir mucha gente: ese lugar es el corazón de una ciudad que simboliza la enorme capacidad del ser humano para sobreponerse a los desastres y empezar de nuevo partiendo
prácticamente de cero.

Impresiona ver los tres autobuses en medio de la plaza, leer los mensajes que cuelgan de sus panzas, ver las flores que dejan junto a ellos y comprobar el largo rato que la mayoría de visitantes dedica a contemplar este monumento efímero, de vocación itinerante, con el que su autor aspira a crear un vínculo entre Dresde y Aleppo, entre gentes de Oriente Medio y Europa conectados por el sufrimiento, pero también por la aspiración de rehacer sus vidas en paz.

Suena muy bonito, pero no parece tan fácil. El mismo día de la inauguración de Monument, miembros de la ultraderecha intentaron ya boicotear el acto. Eran unos fanáticos de Pegida (Europeos Patrióticos contra la Islamización de Occidente), movimiento anti inmigracion y anti islam que desde finales de 2015 ha elegido Dresde como cuartel general de sus soflamas. Argumentan estos peligrosos neonazis que los autobuses verticales de Halbouni son una provocación. Ni más ni menos.
Parece una broma pero no lo es porque, en las últimas semanas, tanto el alcalde como el autor de Monument hannecesitado protección policial tras recibir serias amenazas de muerte en las redes sociales, según contaba María-Paz López el pasado 9 de febrero en LaVanguardia. No solo Pegida es beligerante con Monument.

También la rama sajona del partido derechista populista Alternativa para Alemania (AfD) ha acosado a Halbouni, a quien llama “migrante desarraigado” porque, según ellos, el sirio-germano contribuye con su obra a “una reorientación de Europa bajo dominación árabe-musulmana”. La instalación, lógicamente, permanece bajo vigilancia. El escultor repite una y otra vez que él solo lucha por la paz y la reconciliación. Y porque esa ciudad en ruinas que es Aleppo, como en su día lo fuera Dresde, supere cuanto antes el caos y la destrucción de seis largos y horribles años.

Más de setenta tienen ya las marcas de la guerra en Dresde, latentes sobre todo en las piedras,
ennegrecidas por el fuego, que se emplearon en muchos de los edificios reconstruidos. Desde la cúpula de la Frauenkirche, la “Nôtre Dame” de la ciudad, donde finalmente subí, pude fotografiar una metrópoli bulliciosa y renacida en uno de cuyos espacios más emblemáticos, la Neumarket Platz, hay tres autobuses verticales que todo lo que están pidiendo es una oportunidad para la paz.
J.T.

sábado, 11 de marzo de 2017

¡Fuera el "bien pagao" de RTVE! ¡Ya!

No se puede tener tanta cara. Si en lugar de un salario de casi ciento ochenta mil euros anuales, José Antonio Sánchez ganara la mitad, el todavía presidente de RTVE estaría cobrando mucho más de lo que se merece. No se puede ir tan de sobrao por la vida.
– Menos mal que estoy bien pagao, soltó mientras resoplaba cuando le explicaban el tiempo que aún quedaba para que finalizara su comparecencia parlamentaria del pasado jueves.
Ocupa Sánchez uno de esos sillones estratégicos que permiten al Partido Popular llevar la batuta en aquellos lugares clave del país donde verdaderamente se parte el bacalao. Lo importante es a quién nombras. Si puedes colocar en los puestos decisivos de las instituciones a gentes que dependan de ti, ése es el poder. Y ahí no hay cáscara: el órgano que quita y pone a la gente es el gobierno, aunque esté en minoría, y aunque no pueda legislar como cuando tenía mayoría absoluta. Con esa potestad, se puede mandar muchísimo. Y a fe que mandan, como hemos podido comprobar en el feo asunto de los cambios en el ministerio fiscal. Consigue así el PP que la percepción del ciudadano de a pie sea que las cosas siguen igual que cuando gobernaban con mayoría absoluta. Para alegría de sus hinchas y desesperación de quienes soñaban con el fin de aquella etapa.
Pero lo que no creo que se le escape a Sánchez ni a sus mentores es que ahora son menos fuertes de lo que creen y hacen creer. Si el resto de partidos se lo propone, en negociados como el de RTVE las cosas podrían ser ya muy diferentes. Aunque, con el desahogo que le caracteriza, Sánchez argumente que fue elegido en 2012 por el parlamento, él sabe que decir eso es insultar la inteligencia de quien le escucha. La realidad es que lo eligió el PP usando su mayoría absoluta tras arrinconar el acuerdo firmado con el PSOE seis años antes, un pacto en virtud del cual la televisión pública estatal vivió una de las etapas más dignas de su historia. Con unos informativos que se caracterizaban por cabrear a todos los partidos por igual, incluido el partido del poder, lo que significaba que Fran Llorente y su equipo estaban haciendo bien su trabajo.
En algo sí lleva razón José Antonio Sánchez: quien ahora tiene el control de Televisión Española es el Parlamento, no el gobierno. Por eso, con la composición de la cámara surgida de las elecciones de junio del 2016, se puede pasar a la acción y echar a la calle mañana mismo al “bien pagao”. La ocasión la pintan calva. ¿Para qué queremos una oposición si ésta no es capaz ni de quitar al presidente de RTVE aún teniendo la posibilidad técnica de hacerlo? ¿A qué esperan?
¿A qué esperan en Ciudadanos, después de las humillaciones a las que están siendo sometidos a diario en el Congreso, para dar un puñetazo encima de la mesa y que no se les acabe tomando definitivamente por el pito del sereno? De momento han presentado una proposición de ley para volver a la situación de 2012. Es un paso, ahora hay que buscar acuerdos.
¿Qué hará la Gestora del PSOE? ¿Le interesa soltar aún más la bandera de la izquierda, hasta el punto de mantener en su puesto a José Antonio Sánchez? ¿Y Podemos? ¿Es lógico que con 71 diputados no tengan aún representación en el Consejo de Administración? Tampoco la tiene Ciudadanos y en cambio sí continúa un representante de la antigua Convergència, una formación política desaparecida y cuyo relevo no tiene ya ni grupo propio en el congreso. ¿Hasta cuándo se va a prolongar este esperpento, que dura ya tres legislaturas gracias a una mayoría absoluta del PP que perdió hace nada menos que año y medio?
Conclusión: Si Ciudadanos y PSOE están por la labor, junto a Podemos los números salen y solo hace falta voluntad política para dar el paso. La baza la tienen. Sería la primera cosa de calado que harían juntos. Una decisión barata, fácil… y también rápida, si quieren.
Con las más de dos mil firmas que los trabajadores han hecho llegar al Parlamento, a través del recién renovado Consejo de Informativos de TVE , denunciando una situación que consideran insostenible, se les está diciendo a los partidos de la oposición que se acabó la historia. Que ya no es momento de quejarse de lo que ocurre en TVE, que ya no vale con protestar porque, desde el mes de octubre, cambiar las cosas es posible.
De ahí la campaña de los trabajadores también a través de las redes, recordándole a los partidos que firmaron para acabar con la actual situación de la televisión pública que se muevan de una vez. Lo prometisteis, tenéis que cumplirlo, les recuerdan. Y tienen que cumplirlo porque pueden hacerlo.
Basta con que la tramitación de la proposición de ley continúe su curso, con votar juntos cuando llegue el momento y recordar así a los representantes del Partido Popular que son mortales, y que se acabó aquello de hacer lo que les da la gana, que ya no tienen mayoría absoluta. Y el “bien pagao”, a su casa, que es donde tendría que estar desde hace mucho tiempo.
J.T.


viernes, 10 de marzo de 2017

El periodismo no es oficio para miedosos


A instancias de los nazis, el amoral capitán Renault ordena desalojar el café Rick de Casablanca. Indignado por el atropello, el dueño del establecimiento, al que da vida Humphrey Bogart en la película, le pide explicaciones al prefecto francés.
- ¿Con qué derecho me cierra usted el local?, le pregunta Rick.
- ¡Qué escándalo, he descubierto que aquí se juega!, argumenta un sarcástico Renault.
El crupier llega hasta ellos y deposita unos billetes en manos del representante de la ley.
- Sus ganancias, señor
- Muchas gracias -contesta el capitán mientras se guarda los billetes y continúa despejando la sala- ¡Todo el mundo fuera!

Pues eso es, señores, ¡qué escándalo, hemos descubierto que aquí se presiona! Victoria Prego y la APM han descubierto la pólvora a estas alturas de la película! Se presiona, se ha presionado y se presionará. Aquí, en Carolina del Norte y en Ciudad del Cabo ¿dónde está la novedad? Periodismo es el arte de resistir y sobrevivir a las presiones. En cuarenta años de oficio periodístico no he vivido un solo día en que las presiones no hayan revoloteado, tercas y amenazantes, a mi alrededor. Presiona el jefe, presiona el dueño, presiona el político, presiona el tendero, el amigo, el primo, el vecino, unos para que digas y otros para que no digas, unos para que tengas cuidado con lo que cuentas y otros para que lo cuentes cuanto antes. Unos con amenazas más sutiles que otros. Y solo hay una medicina contra el defecto de presionar: la virtud de no dejarse.

Que levante la mano el periodista que no haya recibido presiones en su vida. Habremos caído o no en ellas, pero haberlas, háylas, húbolas y habralas. De toda la vida de dios y de todos los colores y procedencias. Pocos deben ser los que alguna vez no han pagado un alto precio por resistirse a ellas. ¿Por qué le ha dado entonces, precisamente ahora, a la entrañable Victoria Prego, presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), por montar el pollo que ha montado denunciando acoso y amenazas por parte de miembros de Podemos a varios periodistas cuyos nombres desconocemos?

¿Ha usado la APM a Podemos porque antes no se atrevió con ningún otro partido? ¿Ha querido aprovechar esta oportunidad para abrir la caja de los truenos y ponerle altavoz a un secreto a voces? Podría ser, pero no me lo creo. Más bien tiene toda la pinta de ser un torpe ejercicio de hipocresía cuyos efectos no calcularon lo suficiente. ¿O sí?

¿Acaso los veinticuatro miembros de la directiva de la APM no han sufrido presiones en su vida? ¿Pidieron alguna vez amparo?¿Por qué escogen a varios acojonados anónimos para rasgarse las vestiduras y precisamente ahora? ¿Nunca antes encontraron un momento propicio? Nadie acude a ellos a protestar, argumentan. Suponiendo que eso fuera cierto, ¿qué pasa, que nunca han encontrado un motivo para intervenir de oficio ante la divulgación de según qué informaciones de vergüenza? ¿Ni siquiera en TVE o en Telemadrid? Nunca me planteé recurrir a la Asociación para que me defendiera de nada y, tras este bochornoso numerito, jamás se me ocurrirá. Total, ¿qué sería de nuestro oficio si no existiera la presión? Cuando no cabreas a alguien con la información que publicas, decía Orwell, pregúntate en qué te estás equivocando.

Siempre combatí las presiones defendiendo mi independencia a codazo limpio. Mi sueño es que desaparezca toda aquella presión ejercida desde el poder y no dejaré de luchar siempre por ello con el privilegiado instrumento que tengo a mi alcance, la palabra. Peleo porque los políticos saquen de una vez sus manos de los medios públicos y porque puedan existir medios independientes sin banqueros ni fondos buitre en los consejos de administración ¿Es contra todo esto contra lo que pretende luchar la APM aunque hayan empezado la casa por el tejado. Si es así, de acuerdo, pero... ¿a que no es así, queridos escandalizados?

Hay colegios profesionales que al menos funcionan como un poderoso lobby, pero en el periodismo no valemos ni para eso. Nos asociamos para que nos den un carnet y un jamón por navidad. O para optar a unas prebendas médicas ya desaparecidas porque eran un privilegio insostenible que costaba cada año a la ciudadanía más de ocho millones de euros. Espero que no sea por esta decisión, en la que Podemos tuvo algo que ver, por lo que se actúa ahora contra ellos. No, ¿verdad que no, queridos amparadores?

No es oficio para miedosos el periodismo. No me cabe la menor duda que los presuntamente acosados y amenazados tendrán sus buenas razones para haber pedido amparo a mamá Asociación de la Prensa. Pero permitidme que os diga que, si no fuera porque el asunto se está encanallando, a mí todo esto me parece una ridícula riña de patio de colegio. Como dice mi compañero Antonio Rubio, yo lo que quiero es que me presionen. Que los poderosos se cabreen conmigo, pero no los de Podemos, que acaban de llegar y apenas han tocado pelo todavía, los pobres.

Como en las novelas de misterio, igual para entender este quilombo basta con preguntarse a quién beneficia que manden desalojar el local de Humphrey Bogart en Casablanca.

-¡Qué escándalo, aquí se juega!, ¡qué escándalo, aquí se presiona!

J.T.

miércoles, 8 de marzo de 2017

¿Se equivoca Iñaki Gabilondo?

Esta vez, querido maestro, no puedo estar de acuerdo contigo. No entendí tu videoblog del pasado martes. Y digo que no lo entendí porque prefiero no entenderlo a entender lo que entendí.
Veamos: el lunes seis de marzo, transgrediendo el más elemental catón del periodismo, la presidenta de la APM (Asociación de la Prensa de Madrid) hace pública una petición de socorro de varios informadores anónimos que aseguran estar siendo amenazados e intimidados por Podemos. Acto seguido, ancha es Castilla, sin preguntarse ni quiénes son los denunciantes, ni en qué consiste la presión, ni quiénes sus autores, El País coloca en primera la información a tres columnas frotándose las manos y añade el pertinente editorial, faltaría más. Y al día siguiente, tú también decides entrar en harina dedicándole tu homilía matinal a los presuntos coaccionadores.
El introito ya me rechinó: ”Ignoro los hechos”, decías. Y añadías: “No sé si hay razón suficiente para un documento público de esa naturaleza”. “De lo que no se puede hablar, es mejor callarse”-escribía Wittgenstein al final de su célebreTractatus, que seguro has leído. Pero esta vez no lo hiciste. ¿Por qué?
Dijiste tres cosas:
1. “Un partido político que sale a la palestra diciendo públicamente que quiere actuar contra el Sistema, debe esperar que el sistema se defienda”
En palabras de una amiga mía llamada Mariate, esto “no es verdad. El llamado Sistema es el que ofrece la libertad para criticar, no para defenderse, y es el que debe ser respetado como única atmósfera politica que permite esta dialéctica. No es el Sistema, pues, el que reacciona sino el que permite la crítica en todas las direcciones; también por supuesto contra Podemos“.
2. “Los medios, en su mayoría, formamos parte del Sistema y por tantoPodemos debe dar por supuesto que las líneas editoriales no le van a ser favorables. Esto es elemental”
Elemental, claro está, siempre y cuando no llamemos línea editorial a mentir impunemente en portada (currículum de Monedero, por ejemplo) y rectificar inexactitudes, cuando lo hacen, en letra pequeña y página par.
3. “También Podemos forma parte del Sistema y juega en esta liga” -añades
Juega, por supuesto, en el terreno democrático, pero lo hace para intentar cambiar las cosas, que es para lo que han sido votados. Además, como dice mi compañero Fernando López Agudín, “no presiona quien quiere sino quien puede, y no es Podemos precisamente quien más puede”
Acto seguido pasaste a hablar de la autocensura, recuerdas tu diagnóstico sobre este peliagudo asunto en el que atribuyes la culpa al paro, y admites resignado que eso acobarda. Pues será así, pero no tiene por qué serlo. Tú y yo estuvimos en una empresa informativa maravillosa, llamada CNN+ y allí nadie renunció nunca a su dignidad. Nos cerraron, me puedes contestar, pero sembramos una semilla que todo el mundo recuerda y que estoy seguro germinará.
“Está en el comportamiento humano una especie de tendencia hacia la precaución, hacia la supervivencia” -añades. Pero vamos a ver, querido jefe, ¿tú no eres aquel director de informativos que plantó cara a los golpistas enTVE? ¿No eres aquel que dimitió porque estaba harto de llamadas de ministros y decidió dejar de ser jefe sin que eso perjudicara tu carrera profesional sino más bien al contrario? ¿Cómo es posible que ese periodista al que siempre admiré intente a estas alturas justificar la resignación cristiana?
Hablabas de todo esto partiendo de datos que dices ignorar, y admitiendo no saber tampoco si existen razones suficientes para un documento como el hecho público por Victoria Prego. Aún así, rematas tildando de pardillos a los cuadros de Podemos, a quienes atribuyes “uñas de acero” para unas cosas y “piel de mantequilla” para asumir “la ferocidad de la política democrática”, a pesar de lo “cualificados e inteligentes” que son, y lo “preparados”que están. Recurro de nuevo a mi amiga Mariate, que últimamente está sembrada en su cuenta de Facebook, cuando recuerda que “una excelente formación, en absoluto es garantía de comportamientos democráticos. La historia demuestra que se puede ser persona de gran formación y, a la vez, fascista o comunista o liberal”.
Y terminaste afirmando que los cuadros de Podemos están “equivocados”. Puede ser, Iñaki, pero me chirría verte repartiendo ese tipo de carnets, la verdad. Yo jamás osaría decir que tú estás equivocado, pero me vas a permitir que esta vez no esté de acuerdo contigo.
J.T.

domingo, 5 de marzo de 2017

¿Hay que prohibir el infame autobús color butano?

Toda prohibición suele provocar el efecto contrario al que se busca, porque denota impotencia para combatir la monstruosidad desde sus raíces. Por mucha autoridad moral con la que se cuente para hacerlo, prohibir es prohibir, y eso iguala a los demócratas con los intolerantes.

Cuando apuesta por la prohibición, el tolerante pierde la partida frente a los intolerantes. La libertad de expresión es incómoda en ocasiones, pero ceder a la tentación de limitarla acaba siendo a la larga mucho más peligroso. Toda prohibición, por aparentemente justificada que pueda estar, genera un peligroso precedente. ¿Dónde pones los límites? ¿Hasta dónde sí y a partir de dónde no?

La prohibición dota de autoridad moral a los amantes de todo tipo de prohibiciones y les proporciona impagables coartadas para cuando tienen oportunidad de hacer de las suyas. Es ponerle en bandeja a los enemigos de la libertad argumentos que legitiman su manera de ir por la vida. Es ponerse a su altura. Con prohibir ocurre como con el comer y el rascar, que todo es empezar.

Los demócratas no prohíben, convencen. Agotan todas las posibilidades a su alcance antes de recurrir a soluciones drásticas. ¿Se han agotado en el caso del autobús naranja de Hazte Oír o, sencillamente, se ha optado por el camino más fácil y rápido inmovilizando el dichoso vehículo?

¿Dónde queda aquella frase atribuida falsamente a Voltaire: “no estoy de acuerdo con lo que dice, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo? ¿NO habíamos quedado en que el mayor desprecio es no hacer aprecio?

Yo creo que nos hemos vuelto un poco locos con este asunto y que, como ha escrito mi compañero David Torres, la prohibición de circular con su autobús color butano a estos peligrosos ultras les ha brindado una publicidad que jamás hubieran imaginado. Pagarla sí que hubieran podido, como ha documentado en Público mi compañero Danilo Albin.

En asuntos así, como en tantos otros, ayuda bastante recurrir al sentido del humor, como es el caso de Wyoming y de las inspiradas y mordaces parodias que circulan por las redes. El rechazo de la sociedad y de las instituciones democráticas tenía que ser suficiente. Y, por supuesto, la revocación de cualquier tipo de ayuda pública.

Lo único que sí creo que es de juzgado de guardia es el color butano del autobús de esta asociación declarada en su día “de utilidad pública”. Por eso, por tener tan mal gusto, por eso sí lo hubiera prohibido yo. A lo mejor el ayuntamiento de Madrid lo hizo, quién sabe.

J.T.

jueves, 2 de marzo de 2017

Cernuda, García Montero, Sabina y las medallas

En la ceremonia de entrega de las medallas de Andalucía, el poeta Luis García Montero, granadino que vive en Madrid, flamante hijo predilecto andaluz, concluía su discurso de agradecimiento el pasado martes recordando esta frase de su tocayo Cernuda:

“Confesaré que solo encuentro apetecible un edén… que para mí bien pudiera estar situado en Andalucía

Perfecto, suena de maravilla si no fuera porque… el poeta sevillano se marchó de Andalucía para siempre con 26 años de edad. Murió a los 61, en México.

Mucho te quiero, perrito, pero pan poquito. El planeta entero está lleno de Cernudas que aman con locura Andalucía, pero que se marchan, nunca más vuelven y se mueren bien en México como el autor de “Los placeres prohibidos”, bien en Buenos Aires, Carolina del Norte o Astaná, capital de Kazajistán. ¿Por qué hay tanto andaluz que se marcha de su tierra si, como también cantaba Cernuda, Andalucía “es un edén donde el tiempo se desliza insensiblemente entre las hojas de las palmas y el lánguido aroma de las flores meridionales”?

Tener tan buen clima y tantos kilómetros de costa parece que no es suficiente. Ni tampoco tanto arte, ni tanto salero, a juzgar por el generoso porcentaje de artistas agraciados con las medallas 2017. Si dejamos las instituciones al margen, entre el resto de premiados este año había una actriz, una cantante, un cantaor, un guitarrista flamenco, una gimnasta, una compositora, dos escritores y un periodista (al que incluyo en este apartado porque al personaje, la verdad, se le puede considerar un verdadero “artista”) Nueve de doce. A los tres restantes, un científico jiennense especializado en inteligencia artificial, un ingeniero experto en robótica y un empresario turístico malagueño les tocó la pedrea, así que no sé de qué nos quejamos.

Sin cuestionar los méritos de los galardonados, y sin entrar a analizar el carácter perverso de este tipo de parafernalias, que acaban siendo una cuestión de escalafón porque los años pasan y a veces cuesta encontrar candidatos, ¿de verdad no hay más andaluces que estén haciendo cosas importantes en el mundo de la ciencia, de la investigación, de la industria, de la agricultura que merezcan las medallas? ¿solo el veinticinco por ciento del total? Si los hay y no son premiados, malo. Y si no los hay, pues… qué quieren que les diga!

Para intentar entenderlo, mejor le pido unos ripios prestados al también exiliado Joaquín Sabina, hijo predilecto andaluz un año antes que su compadre García Montero (el escalafón corre, ya saben), de entre los que el cantante de Úbeda pronunció durante su discurso de agradecimiento, todo él en verso:

“pa ser buen andaluz no es necesario 
tocarle tantas palmas al ombligo, 
mejor pasar a limpio los pecados, 
los eres, la ignorancia, el desempleo, 
Andalucía sabe demasiado 
lo ingrato que es bailar con el más feo”

miércoles, 1 de marzo de 2017

Instalados en la crisis se vive mejor

Los expertos, esos señores que viven de dar consejos que no darían si tuvieran la certeza de la eficacia de su aplicación, se empeñan en presionarnos para que cada día que pasa nos apretemos más el cinturón, sin molestarse siquiera en preguntar si tenemos algún cinturón que ponernos.

Corría el año setenta y tres del siglo pasado. Había estallado la primera crisis del petróleo y sesudos economistas de todo el mundo buscaban como locos alguna solución a lo que se nos venía encima. Fue entonces cuando el canadiense-estadounidense John Kenneth Galbraith (1908-2006), solvente economista, cansado de estériles análisis y ridícula palabrería, decidió dejarse de rodeos y hablar clarito:

- No sé por qué nos empeñamos una y otra vez en buscar soluciones para salir de la crisis. De lo que se trata –añadía Galbraith- es de aprender a vivir “instalados en la crisis”.

Y desde entonces, con este consejo-dictamen, vamos tirando como podemos. Cuarenta y cuatro años han pasado y aquí estamos, como Clodomiro, el de la canción de Carlos Mejía Godoy, tarareando sin cesar aquel pegadizo sonsonete: "me defiendo, me defiendo como gato panza arriba".

Instalarse en la crisis, cualquier crisis, admitir que existe. Buscar la manera de vivir como queremos hacerlo a pesar de la crisis, con la crisis o por encima de la crisis, es sin lugar a dudas una inteligente opción sobre todo para quien sabe ver que, más pronto que tarde, lo más probable es que venga a visitarnos otra igual o peor.

De ahí que cada vez que veo en cualquier revista de prensa, o en las redes sociales, aquello de “diez consejos para ser feliz”, o “rompa con todo y busque su verdad” o “eres lo mejor del mundo, te lo digo yo”, no pueda evitar recordar la idea de Galbraith: “Aprender a instalarse en la crisis…" Punto. Todo lo demás, es mentira.

Los libros de autoayuda son un excelente negocio para los editores. Superventas año tras año, en los escaparates más accesibles cambia a menudo el autor, el título, la portada o la manera de venderlos. Pero todos los mandamientos que recitan estos libros, con autores como Bucay o Coelho, que no saben dónde guardar todo el dinero que ganan engañando a tanto incauto, se resumen en dos: El primero: Sé tú mismo -ahí queda la chorrada-. El segundo: Mientras me hagas caso, me compres, me leas y me recomiendes, el editor y yo nos lo continuaremos llevando crudo.

¿Libros de autoayuda? No, gracias.

Si hay a quien le valen… pues me alegro. Pero a mi juicio, el mejor libro de autoayuda es asumir el dictamen de Galbraith: dejarse de tonterías y aprender a sobrevivir lo mejor posible “instalados en nuestra propia crisis”.

J.T.

domingo, 26 de febrero de 2017

Las plaquitas de cobre de Berlín

Camino del supermercado me las encuentro en la calle Acker. O en Brunnenstrasse, cuando voy a la biblioteca. Salgo a pasear por Torstrasse, Rosenthaler… y apenas me despisto, ya he pisado alguna. No puedo evitar estremecerme cada vez que sucede.

Resulta difícil caminar por Berlín y no encontrarte con alguna de ellas con espantosa frecuencia: su tamaño apenas supera el de un miniadoquín y en la inscripción se recuerda un nombre, una fecha y un lugar que indica el campo de concentración en el que fue exterminado quien residía justo en el edificio a cuya entrada se encuentran estas plaquitas de cobre.

Miras la fachada de la casa, la puerta, y te imaginas a quienes vivían ahí saliendo para nunca más volver, para ser gaseados en los campos de exterminio. Reconozco que quienes residen en Berlín de manera permanente debe hacer ya tiempo que se habituaron a pisarlas sin conmoverse. Pero yo evito, si puedo, poner el pie encima.

Desde mi rol de ciudadano berlinés ocasional que lleva varios meses viviendo en un apartamento del Este, me cuesta mucho trabajo habituarme a pasear sin más por las calles de esta ciudad trufada de plaquitas de cobre. Por lo general, es algo que no aparece en esas guías turísticas que sí te hablan de
la sinagoga, el museo judío o el monumento de losas de hormigón que Peter Eisenman y Buro Happold construyeron hace quince años no lejos de la puerta de Brandenburgo. Pero hay más de cinco mil “stolpersteine” (piedras-obstáculo) diseminadas por todos los barrios de Berlín, Mitte, Kreuzberg, Neukölln…. Cuarenta y cinco mil por toda Alemania, producto de una iniciativa del artista alemán Gunter Demning que crece cada día.

También evito pisar el cristal que me encuentro cuando paseo por la Bebelplatz y disfruto de los impresionantes edificios que la rodean. Entre adoquines, descubro de pronto ese cristal de un metro cuadrado que muestra debajo una habitación
cubierta de blancas estanterías vacías, decenas de baldas desiertas, sin un solo volumen encuadernado, sin una sola obra impresa. Así ha decidido el Berlín de hoy recordar la quema de libros que tuvo lugar aquí mismo el 10 de mayo de 1933, la llamada Noche de la vergüenza.

Entre adoquín y adoquín de estas calles berlinesas no puedo evitar pensar en tantos españoles como murieron en cunetas o paredones y a los que todavía les debemos aunque sea una diminuta plaquita a la puerta de su casa.

 J.T.